Te espero del otro lado

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Te espero del otro lado 

Ayuda a que la barca de tu hermano pasé del otro lado, y verás como tú también llegas a la orilla. -Proverbio

 

Para algunos fui una cobarde, una persona que se rinde fácilmente, alguien que huye cuando las cosas se ponen difíciles, para otros fui fuerte y valiente. 

Saber si fue o no lo correcto para mí o para otros es una de esas preguntas a las  que llamo “preguntas sin respuesta” 

Solo sabía que tenía que seguir caminando sin detenerme, sin conocer el rumbo ni saber hacia dónde me llevaría el camino. Después de todo, no puedes sanar en el mismo ambiente en el que te enfermaste, así que tuve que salir de ahí y buscar un ambiente diferente, un lugar de paz y seguridad que me ayudara a aclarar mi mente y mis sentimientos.

 

Un día tomé una decisión “poco segura”, empaqué todos mis miedos e inseguridades y me mudé a un nuevo espacio, un nuevo comienzo. Ya había vivido intentando tener el control sobre muchas cosas que al final se me salían de control. Tampoco podía esperar a que todas las cosas me fueran dadas o a tener todos los recursos para empezar a moverme, quiero dejar de intentar controlar todas las variables. 

Ésta vez quiero dar el paso “sin nada seguro” con la seguridad de saber que solo sabiendo Tú, Dios estarás conmigo y que en Ti confía mi alma. Empaque mis cosas, me armé de valor, me despedí (sin titubear) y me dirigí hacia la incertidumbre. Me subí en el auto de la esperanza y a través de la ventana  podía ver el cielo lleno de nubes y sentía el viento tocar mi cara, esa sensación de libertad y deriva, de desconcierto y confianza, una ambivalencia de emociones que viajaba conmigo. 

¿Se puede tener miedo y ser valiente a la vez? –Sí 

 

Llegué a mi lugar de destino, bajé mis cosas, entré a la casa medio vacía (o medio llena), una puerta se cerró detrás de mí y una nueva se abrió delante. Un techo diferente se puso sobre mí, una habitación vacía me esperaba. Aquí estoy, una vez más, comenzando de nuevo. Empezando de cero. ¿Por dónde empiezo? 

 

Desempacar 

Traje conmigo una maleta (por lo general casi siempre vamos cargando una), la cuestión con la maleta es ¿qué lleva dentro?, ¿qué de lo que traigo quiero seguir cargando y qué cosas no? Porque no creo que todo me sirva para esta nueva etapa, y a decir verdad tampoco sé si lo quiero seguir teniendo conmigo. 

Conforme fui sacando las cosas me encontré con miles de recuerdos y objetos llenos de historias. En silencio me despedí de cartas, de viejas fotografías, de uno que otro amor, de una que otra persona, de un tanto de ropa que no quería volver a ponerme, que no quería vestir más. Siempre he pensado que para recibir lo nuevo, antes hay que hacer un poco de espacio. 

Me llevó tiempo, pero me lo tomé con calma. Casi siempre me quería saltar los procesos pues me parecían una gran pérdida de tiempo, y sólo me importaba el destino o el objetivo. Sin embargo, ésta vez como no tenía ninguno pues no tenía idea de que pasaría con mi vida y mi futuro, me enfoque en vivir y aceptar el proceso por el tiempo que durará, sin prisa y sin presión. 

Había cosas que sabía tenía que dejar ir pero aún no me sentía lista para deshacerme de ellas, así que aún dejé alguna carpetita por ahí guardada en el archivo y uno que otro objeto. 

Con el paso del tiempo, conforme fui sanando y avanzando llegaron los días en los que estaba lista para seguir borrando, seguir desechando y seguir despidiéndome para continuar con mi camino y mi nueva vida. 

No fue tan fácil como lo escribo ahora, es verdad que desechar algo dejaba conmigo una sensación de vacío (para muchos insoportable), con frecuencia queremos volver a llenar ese vacío rápido y hacer que desaparezca ésta emoción tan aterradora. No importa con qué se llene sólo quiero dejar de sentir esto YA.

Con frecuencia, usamos remedios paliativos tales como el trabajo, sustancias como el alcohol o las drogas, comida placentera, sexo desmedido, series y películas que nos ayuden a escapar de nuestra realidad, amigos que poco tienen de amigos, en fin, las opciones son vastas. Pero ésta vez no haría nada de eso. Me quedaré aquí, así, soportando la incomodidad de ésta sensación de vacío que cada vez se hacía más profunda, pero extrañamente cada vez me sentía más cómoda y familiarizada con ella. 

Creo que es el momento que Dios usó para conquistarme y enamorarme más de Él (no porque antes no lo hubiera hecho, sin embargo creo que siempre se puede ir más profundo y llenarse más de amor). Fue Su amor lo que me sanó y finalmente un día (sin ser un día específico) esa sensación desagradable desapareció y mi necesidad de vincularme con las cosas y las personas a través de una carencia de soledad y abandono ya no estaba más. Dios se encargó de llenar por completo ese vacío.

 

  Reorganizar

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Génesis 1: 2-4 RV60

 

Ya me había quedado con unas pocas cosas que aún quise conservar pues tenían valor y significado para mí. Es tiempo de acomodar. 

Mi vida había quedado como la Tierra en sus inicios desordenada y vacía, así que Dios me ayudó a ir poniendo un poco de orden, no mi manera de ordenar las cosas sino su manera de ordenarla, es obvio que Él sabe mejor que yo como hacerlo. 

-Qué bueno que al fin te deshiciste de todo lo que nos estorbaba para empezar a trabajar. 

-Sí, me fue difícil pero quería hacerlo, y… ¿ahora qué? ¿qué sigue para mí? ¿qué se supone que haga? 

-Tranquila, vamos paso a paso. Iremos de adentro hacia afuera. Ahora necesito que pongas en tu maleta MIS PALABRAS y que las lleves contigo, que las creas, medites en ellas, las repitas y las creas con todo tu corazón. Ellas te ayudarán a salir adelante, a vencer los pensamientos contrarios, a combatir los recuerdos que quieran volver a tu mente, te darán la fuerza para levantarte y para reconstruir tu vida. 

- De acuerdo. Ya lo hice. ¿Qué más necesito? 

- Entiendo que quieras cerrar tu corazón a las personas, sin embargo no es lo que quiero para ti. Por eso necesito que, aunque tengas miedo, vuelvas a abrir tu corazón. 

- ¿A todos? 

- No, no a todos. Ahora tendrás más sabiduría y yo te ayudaré a elegir a las personas correctas. Te rodearás de personas claves, que lejos de querer dañarte o hundirte más, te ayudarán a crecer. No te preocupes, Yo las pondré ahí para ti y sabrás que vienen de mi parte así que es tiempo de volver a confiar. 

-Mmmm pensaba que iría sola en éste nuevo viaje, pero está bien. 

- Nunca estamos realmente solos, ¿no es así? Toma tu boleto de viaje, éste tiempo fue para sanarte, restaurarte y prepararte pero no te puedes quedar aquí, necesito que salgas nuevamente y vayas a donde Yo te quiero llevar. Es un lugar al que nunca has ido, no temas, estás lista para lo que viene. 

 

  Disfruta un nuevo viaje 

Me sentía diferente comparado a la primera vez que salí de casa. Me sentía tan … tranquila. 

Aún llevaba conmigo una maleta pero ésta era más ligera que la anterior y se sentía bien traerla conmigo, me daba ánimo y confianza, sentía que ahí dentro tenía lo necesario para poder realizar éste viaje. 

Quiero decirte que siempre tuve la opción de no seguir, de quedarme ahí en el mismo lugar, con las mismas personas, con las mismas emociones y conflictos. Esos puntos decisivos de tu vida en los cuales estás parada en una disyuntiva mirando tus boletos, el letrero de salida detrás de ti y el avión que estás a punto de abordar.

Decidí subirme, y así como aquel día en aquel carro, hoy también podía ver el cielo lleno de nubes a través de la ventana, solo que ya no estaba al mismo nivel, ya no estaba en un carro sobre el piso viéndolas muy por encima de mi, ahora las estaba atravesando, estaba volando sobre ellas y nada me detuvo, ahora estaba en un nivel más alto y finalmente, llegué del otro lado. 

Tal vez te estarás preguntando, ¿qué hay del otro lado que sea tan bueno como para que valga la pena que pase por todo éste proceso? 

 

Del otro lado está tu milagro, estás tú pero más fuerte. 

Del otro lado está tu promesa, tu sueño, del otro lado está la vida y estás cada vez más cerca de tu propósito. 

Del otro lado estoy yo, porque crucé, porque me atreví, porque no me rendí y quiero que tú también estés conmigo del otro lado. 

El lado en donde somos felices y amadas, el lado en donde eres plena y libre, en resumen, todo lo que siempre has querido, está al otro lado del miedo.

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