Sí y No

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Sí y No

Si quieres decir “sí”, solamente di “sí”, y si quieres decir “no”, solamente di “no”. Todo lo que se diga de más, viene del maligno. Mateo 5:37 PDT  


Son palabras tan pequeñas, pero tan poderosas que al pronunciarlas tienen la capacidad de cambiar el rumbo de nuestra vida.

Cuando miro en retrospectiva, pienso cuántas situaciones en donde dije “sí” en realidad quería decir “no”. A cuántas invitaciones dije que no por temor, cuando decir que sí me hubiera abierto un mundo distinto de posibilidades y nuevas oportunidades.

Pero como ya bien sabemos el “hubiera” no existe y el pasado no lo podemos cambiar; sin embargo, podemos aprender, y eso es lo que he hecho a través de los años.


Algo que me ha gustado de crecer es justamente eso, aprender a decir “sí” y “no” de una manera más acertada. He procurado el autoconocimiento a través de Dios, entender quién soy en Él, qué es lo que espera de mí y cuáles son sus planes para mi vida, ha sido una guía de direcciones hacia dónde quiero dirigir mi vida.


Cuando era adolescente y durante una parte de mi juventud, reconozco que tuve muchos problemas con saber decir “no”. Tenía miedo de que me rechazaran o me dejaran de querer y por tal motivo, decía “sí” a todo sólo por encajar o por sentirme aceptada y agradar a los demás. De lo que no me daba cuenta es que cada vez que decía “sí” a algo o a alguien que estaba fuera de mis principios y convicciones me estaba traicionando a mí misma, a quién yo era y a lo que quería para mi vida.


Hoy poco a poco he ido entiendo el poder y la importancia de estas dos palabras, y quiero compartir contigo lo que he aprendido a través de la Biblia, experiencias personales y algunos libros que me han ayudado. 


Decir Sí

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. 2 Corintios 1:20 NVI


Sin duda, el mejor “sí” que he dicho en mi vida fue el recibir a Jesús en mi corazón como Señor y Salvador. Es el “sí” más poderoso que han pronunciado mis labios y cambió mi vida para siempre. A diferencia de otras decisiones a las cuáles he dicho sí y me he arrepentido después, aceptar a Cristo es un “sí” del cuál nunca me arrepentiré.


Lo cierto es que por cada “sí” que decimos, automáticamente estamos diciendo que “no” a algo más. Por cada sí importante es necesario decir mil veces no.


Cuando le decimos “sí” a Cristo estamos diciendo “no” al pecado, a todo lo que nos aparta de Él. Decimos “sí” a cumplir Su palabra, a servir en Su obra, a cumplir Sus sueños y a que se haga Su voluntad en nuestras vidas. Al mismo tiempo estamos diciendo “no” a nosotras mismas y a nuestras metas personales, a nuestra voluntad, al mundo con sus atractivos, pero destructivos ofrecimientos y a todo lo que desagrada a Dios.


Por lo general, en la vida cristiana vamos contra corriente de todas las ideologías del mundo, así que seguramente te encuentres diciendo que “no” a lo que la mayoría dice “sí” y viceversa.


El apóstol Pablo lo decía de esta manera “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” Filipenses 1:21


Y todo en la vida es así, con cada “sí” que decimos hay una renuncia de por medio. Cuando digo “sí acepto” en el altar, estoy renunciando a todos los demás hombres para mi vida. Cuando digo “sí” a hacer una dieta, estoy renunciando a comer algunos alimentos que no me ayudarán a cumplir mi objetivo. Cuando digo “sí” a una propuesta de trabajo, a vivir en una ciudad, a establecerme en una iglesia, a servir en un ministerio, hay un precio que pagar.


Por eso es tan importante que tengamos claro, qué es lo que Dios quiere para nosotras y qué queremos para nuestra vida. ¿Hacia dónde mi dirijo? ¿Qué es lo que quiero lograr? ¿Cuáles son mis objetivos? ¿Lo que estoy haciendo ahora me está acercando al propósito de Dios para mi vida o me aleja?


Todas estas respuestas las encontramos en Jesús. Sólo Él sabe lo que es mejor para nosotras, lo que puede ser bueno para mí puede no serlo para ti y viceversa. Por eso yo no voy a tomar las mismas decisiones de vida que tu y tal vez tú no sigas los mismos pasos que yo, porque cada una tenemos distintos propósitos y eso está bien. Mientras más claridad tengamos en cuál es la voluntad de Dios para nuestras vidas, más fácil podremos decir “sí” a entrar por esas puertas que Dios vaya abriendo delante de nosotras.


Y ojo con esto, no porque algo sea bueno, necesariamente tenemos que decir que sí, porque si no está dentro de la voluntad de Dios, aunque sea bueno, no lo será para nosotras. Por ejemplo, si piensas en iniciar una relación de pareja no le dirás que sí a cualquier hombre sólo por el hecho de que es cristiano, ¿es bueno? Sí, ¿es la persona idónea para ti? Habría que ver. Hay muchas otras cosas más a considerar al momento de tomar una decisión de vida tan importante como lo es el unirse a alguien de por vida.



Decir Sí a la voluntad de Dios

Si hay algo terrible que puede pasarnos en la vida es estar haciendo algo bueno pero que no es lo que Dios tenía para nosotras. Imagina que Jesús hubiera venido a la tierra a ayudar a los pobres, a hacer milagros, a liberar y a sanar gente nada más sin querer pasar por el sacrificio en la cruz. 


Todo eso era algo bueno, sin embargo, el propósito de Jesús era morir por nosotros para darnos salvación. Jesús tuvo que decir: “No se haga mi voluntad, sino la Tuya”, es decir dijo “No” a su propia voluntad, que no era necesariamente mala, pues quería evitar un sufrimiento, pero más importante y valioso es que dijo “Sí” a la voluntad de Dios, aunque eso representara un sufrimiento momentáneo, sabía que la gloria sería eterna.


En el mismo modelo de oración de Jesús al Padre, nos enseña “Hágase tu voluntad”. En otras palabras, en cada oración debemos decir “Sí” a la voluntad de Dios, así como en el cielo, así se haga también en la tierra y en mi vida. De la misma manera, aún estando en los caminos del Señor, es importante que tengamos sabiduría al momento de tomar decisiones y decir “sí” a lo que Él tenga para nosotras, como dice 2 Corintios 1:20, todas las promesas que Dios tiene para nosotras son “sí” en Cristo Jesús.  


Decir No

Decir no significa, ante todo, decirse sí a uno mismo y proteger aquello que uno valora -Willian Ury  


Me ha costado mucho aprender a decir “no” sin sentirme mal o culpable. Generalmente tenemos miedo a decir “no” para no vernos groseras o maleducadas, porque así se nos ha enseñado. 


Tenemos miedo a decir “no” porque queremos que nos quieran, queremos sentirnos amadas y aceptadas, pero nunca rechazadas, queremos “encajar” en el grupo con el que estamos, estar en sintonía con la moda o las tendencias aún si no van conmigo, con lo que creo o con lo que soy, pero por lo menos estoy siendo parte de algo. Si todo el mundo hace algo ¿cómo voy a decir que yo no quiero hacerlo? Y por supuesto, también tenemos miedo a las consecuencias negativas de haber dicho que no. ¿Dejarán de quererme? ¿Me seguirán invitando? ¿Qué van a pensar o decir de mí?


El “no” es necesario y es igual de importante que un sí. Un 'No' pronunciado desde la convicción más profunda es mejor que un «Sí» pronunciado simplemente para agradar, o peor, para evitar problemas. Mahatma Gandhi


Con el tiempo me he dado cuenta que decir “no”, no tiene nada que ver con que sea descortés, sino que es un límite sano para mi vida que define qué es lo que quiero y lo que no quiero para mí misma, para mi familia, para mi vida, para mi cuerpo, etc. Debemos aprender decir “no” sin enojo, sin odio y sin malos modales. ¡Sí se puede!


Es 100% válido y es justo y necesario para nuestras vidas, a veces decir no, es sinónimo de salud. Para tener más salud y más éxito necesitamos decir más “no “ante determinados hechos y a cierto tipo de personas. Hechos que nos alejan de Dios, personas que nos lastiman o nos conducen por el camino equivocado. El sí y el no, no son sólo palabras, sino límites y permisos que nos damos a nosotras mismas.


Un primer y certero “no” muchas veces es el principio del camino que necesitamos recorrer para llegar a establecer vínculos interpersonales sanos y acuerdos exitosos. Bernardo Stamateas


Cuando no podemos decir que “no” es porque no sabemos qué es lo que queremos en la vida o hacia dónde vamos, que nos gusta y que no, qué queremos para nuestra vida y qué no, pero cuando tenemos clara nuestra identidad en Cristo, podemos decidir qué es lo que vamos a aceptar y que es lo que vamos a rechazar. Una buena base y un fundamento sólido para decir “sí” o “no” siempre será la palabra de Dios, por sobre nuestras mismas palabras y por sobre las palabras y designios de alguien más. No hay nada tan certero y tan confiable para nuestras vidas como la misma palabra de Dios.


Aprender a decir “no” es algo que he tenido que practicar una y otra vez, y aprender a recibir un “no” por parte de alguien también es algo que he tenido que aprender a entender y respetar. Incluso si ese “no” viene de parte de Dios.


A veces hacemos peticiones y elevamos oraciones a Dios de cosas que quisiéramos o nos gustaría recibir, a veces Dios nos responde con un “sí” si es que esa petición de nuestro corazón está alineada a su voluntad y a Sus planes para nuestra vida. En otras ocasiones, Dios nos responde: “No por ahora” pero más adelante será un “sí” de su parte. Y muchas otras veces Dios nos responde con un “No” contundente, y aún cuando este sea el caso aprendamos a recibirlo aunque de momento no entendamos el porqué. Dios es soberano y omnisciente, Él sabe qué es lo mejor para nosotras. Piensa que cuando Dios te dice que “no” a algo, es porque seguramente tiene algo mejor para ti. Recuerda que cuando Dios dice “no” al mismo tiempo nos está diciendo “sí”. Sí a protegernos, sí a cuidar nuestro corazón, sí a fortalecernos, sí a hacernos crecer, sí a todo lo que nos hace bien.


Así que en este momento mi oración es que Dios nos de la sabiduría para decir que “sí” a todo lo que proviene de Él, valentía para decir “no” a lo que nos aleja de Él y Sus propósitos, y convicción para mantenernos firmes en nuestras decisiones y las palabras que pronunciamos.


Como dice la Biblia en Mateo 5:37 PDT: Si quieres decir “sí”, solamente di “sí”, y si quieres decir “no”, solamente di “no”. Todo lo que se diga de más, viene del maligno.


En otras palabras, que tu “sí” sea “sí” y tu “no” sea “no”. De esta manera seremos personas confiables que cumplen a su palabra y personas congruentes que hacen lo que dicen.


La gente se destaca y se le respeta cuando sabe qué hacer, sabe lo que quiere y lo que le gusta y se mantiene firme en sus convicciones, tienen palabra y cumplen lo que prometen. Seamos fieles a nosotras mismas y a nuestras palabras, pero sobre todo seamos fieles a Dios y a Su Palabra.