Se me quemó el arroz

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Cuando las cosas no salen como queremos


“Con el tiempo aprendes que las cosas no salen ni tan bien como esperabas, ni tan mal como temías”. – Jerome Bruner


Recuerdo una Navidad que pasamos en casa de mi mamá, quisimos hacer brownies de postre y teníamos la receta especial. Compramos todos los ingredientes y seguimos el paso a paso, la mezcla nos salió muy bien y los metimos al horno, solo era cuestión de esperar y tendríamos el postre ideal para nuestra cena navideña. Ese era el plan, pero entre tantas cosas se nos pasó el tiempo y ¡olvidamos los brownies en el horno! , y por supuesto que se quemaron. 

Si alguna vez has cocinado, seguramente  te ha pasado que algo no sale bien aunque (según tú) hayas seguido la receta al pie de la letra. No sé cuál sea tu personalidad y cómo reacciones cuando las cosas no te salen como lo tenías planeado, pero por lo general la mayoría pasamos por emociones de enojo y frustración. En lo personal creo que tengo poca tolerancia a la frustración, así que con frecuencia me frustro con cosas “simples” como cuando se me quema algo en la cocina y de ahí ya te imaginarás con temas más serios e importantes de vida. La verdad es que quisiera reaccionar mejor y tener una buena actitud cuando las cosas no me salen como yo quería, pero la mayoría de las veces me enojo conmigo misma y me siento frustrada.

 Me he tomado el tiempo de analizar algunas de las causas que me llevan a sentirme así y encontré que tiene que ver con: 


Idealizar 

Definición: considerar a una persona, cosa o situación como un modelo de perfección o como mejor de lo que es en realidad.  


Ni la vida ni las personas somos perfectas, por lo tanto no debemos esperar perfección. 

Podría pasar mi vida enojada porque no tuve la “familia ideal” en la que siempre estuvimos y crecimos todos juntos, mis padres nunca se separaron, todos nos llevamos bien, y pudiera pasar años y años de mi vida deseando que sea así cuando la realidad es otra. 

Tal vez me hubiera gustado que mis hijos estudiaran tal carrera o no dejarán de estudiar o hubieran elegido a otra persona como pareja o hubieran hecho tal cosa y dejado de hacer aquello y puedo vivir enojada esperando el momento en el que mis hijos sean como yo quiero que sean, en lugar de dejar que sean como son o como ellos eligieron ser y vivir. 

Puedo vivir una vida insatisfecha y quejándome porque mi esposo no es como yo esperaba, no es tan amable, ni tan caballeroso, ni tan atento, ni tan responsable, ni muy trabajador, etc. 

Pude quedarme aferrada a la idea de que tendría un matrimonio feliz, que duraría toda la vida, que mis hijos no sufrirían lo que yo y sin embargo terminé divorciándome. 

Me enojé el día de mi boda porque era el día más esperado de toda mi vida y no todo salió como quise, el vestido no me quedó, las flores no llegaron, los tiempos se atrasaron y no disfruté el momento porque no salió como yo siempre lo soñé. 


Todos éstos, son ejemplos reales de historias que me han compartido y que he escuchado de algunas mujeres, podría casi asegurar que tú también tienes una, y así es como me he dado cuenta de que idealizamos tantas y tantas cosas y situaciones de la vida, que vivimos enamoradas de una fantasía que creamos en nuestra mente, enamoradas del ideal de una persona pero no de la persona en sí, enamoradas de un deseo más que del momento presente, enamoradas de una vida que no existe, de una foto o una imagen pensada, diseñada y rediseñada pero que nada se parece a la realidad. Deseando un cuerpo naturalmente inalcanzable, un estilo de vida impagable y relaciones de pareja de ensueño donde no hay espacio para los errores ni defectos. 


Tómate unos minutos para reflexionar sobre tu vida y analiza ¿cómo te sientes en estos momentos? ¿Enojada, triste, frustrada, decepcionada, traicionada, incapaz, insatisfecha, cansada? 

Toma una hoja de papel y escribe e identifica cada emoción y su raíz, ¿qué situación o persona la está provocando?, ¿en realidad es culpa de la persona, o son los pensamientos que tienes acerca de esa persona o de esa situación? Recuerda que el proceso de idealización ocurre primero 100% en nuestra mente, tiene que ver con nuestros pensamientos, dichos pensamientos nos están provocando sentirnos de esta manera y … no sé tú pero yo quiero sentirme diferente y mejor, disfrutar más mi vida, lo que tengo, lo que hago y lo que soy, y todas las bendiciones que Dios me ha dado, así que para empezar a cambiar esto, vamos a hacer lo siguiente:


Acepta la nueva realidad 

La realidad es que los brownies se quemaron, mi matrimonio no funcionó, mi familia se dividió, mis hijos eligieron otro camino. 

La realidad es que mi esposo no ayuda en la casa, que no tengo un cuerpo perfecto, y que no tengo la vida de las redes sociales. 


Pero también es una realidad que nos comimos los brownies, un poquito quemados pero igual estaban ricos, que pudimos disfrutar nuestra cena de Navidad, que mi familia sigue siendo mi familia y los amo como tal, que no quisiera que fuera diferente ni como otras familias. 

También es realidad que mi esposo no es perfecto pero es real y eso me importa más que estar con una persona falsa o que guarda las apariencias, que le agradezco que siempre se mostró tal cual y que está dispuesto a trabajar para mejorar y cambiar las cosas que se pueden, y las que no, las acepto con amor y amabilidad. 

Es real que mi matrimonio no funcionó, pero también es real que el amor existe y que las segundas oportunidades están para quien sigue creyendo y esperando con fe, y que voy a estar bien, que saldré adelante y que eventualmente seré feliz. Es real que llovió en mi boda, pero la lluvia no me arruinó el día si no que todos bailamos bajo la lluvia, es real que no llegaron las flores pero mis amigos me cortaron unas de su patio para hacer mi ramo, y también es real que me dieron el vestido equivocado y que me puse otro, pero que igual me veía hermosa ese día y fui la más feliz. 

Es real que mis hijos eligieron un camino diferente al que yo hubiera querido para ellos, pero también es real que son mis hijos y los amaré siempre no importa lo que decidan, y que aunque no esté de acuerdo acepto la realidad en la que viven hoy y los acepto a ellos sin condición. 

Si te fijas, en cada caso existe una realidad y distintas perspectivas para aceptar esa realidad. ¿Cómo es la realidad que eliges ver hoy?


Redirecciona 

Se quemó el arroz sí, ¿se arruinó la comida? … Tú lo decides.

 Todo es cuestión de perspectiva y siempre tendrás una opción para elegir como mirar las cosas. Al final cociné otra cosa, o salimos a comer a un restaurante y lo disfrutamos mucho, o pedimos comida a domicilio y estuvo riquísima. ¿Y sabes? en ocasiones, que no suceda lo que tú esperas a veces es lo mejor que te puede pasar. 

Y ciertamente, si vives con fe, sucederán cosas mejores de las que tu planeaste o esperaste, como aquella persona especial que llegó a tu vida cuando menos la esperabas, como aquella salida con tus amigos que nadie planeó si no que solo surgió y fue inolvidable o como aquel “desastre” que al final se convirtió en la anécdota chistosa de la familia. Como el bebé que no pensabas pero que tuviste y que llegó para darle un giro hermoso a tu vida y alegrar tus días. 

Quiero recordarte que no importa lo mal que se vislumbre el panorama de tu vida, Dios es especialista en transformarlo TODO,  transformar tu vida, tus pensamientos, tu historia, y de darle un nuevo giro a las cosas, una nueva dirección. 

Y aún si algo sale mal en el camino, “sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” Romanos 8:28. 


 Al final, puede que nuestro destino no sea solamente un lugar o una persona, puede que no sea nada de lo que pensábamos o imaginábamos, puede que simplemente sea una nueva forma de ver las cosas.

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