¿Milagro o proceso?

atardecer

¿Milagro o proceso?


Entonces comprendí que Dios actúa de distintas maneras en la vida de las personas.  

 

Me sentí muy desanimada y desmotivada este inicio de año por cosas que no están cómo a mí me gustarían y pienso que “ya deberían estar resueltas”.

Sin embargo, reflexionando sobre esta forma de pensar me di cuenta que es como si yo le dijera a Dios cómo y cuándo tiene que hacer las cosas, como si Dios fuera un genio de la lámpara mágica que concediera mis deseos en tiempo y forma, o tuviera una varita mágica que pudiera cambiar las cosas al instante.

 

En muchas ocasiones es como si quisiera que Dios obrara con milagros instantáneos para todo en mi vida, si me falta dinero quiero que me llegue de repente a través de una donación, si enfermo quiero curarme al instante para sentirme bien, si tengo un problema en el trabajo quiero que se solucione ¡ya!


De algún modo a veces tenemos esta tendencia, puesto que queremos salir rápido de esas sensaciones incómodas y vergonzosas o porque no soportamos la incertidumbre y la espera. Fui a la Biblia y encontré muchas historias, algunas de ellas narraban milagros, pero muchas otras contaban procesos que vivieron los personajes.

 

Entonces comprendí que Dios actúa de distintas maneras en la vida de las personas.

 

En cuanto a mí, creo que conozco más al Dios de los procesos que al Dios de los milagros, es la forma en la que Dios ha trabajado conmigo.

 

Por supuesto que creo en los milagros, me parecen algo extraordinario y maravilloso, una prueba tangible y visible de la existencia y la intervención de Dios en una vida, porque he visto a Dios obrando milagros en la vida de muchas personas, y no sólo en la vida de los demás, sino que soy testigo en mi propia vida ya que he tenido el privilegio de experimentar ….

 

Milagros  

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; más para Dios todo es posible. Mateo 19:26

 

Un milagro es un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.

Como humanos tenemos nuestras limitantes, en ocasiones nos encontramos ante situaciones que superan nuestra capacidad y rebasan nuestro entendimiento.


Esos momentos cuando clamamos desesperadamente a Dios por un milagro, algo que no podemos hacer por nosotras mismas, la situación se nos ha salido de control, la solución se escapa de nuestras manos.

Es Dios, y sólo Dios, quién podrá obrar un acto maravilloso y sobrenatural de provisión, de sanidad o de multiplicación, hechos que desafían la naturaleza, que interfieren con la lógica y lo esperado, y que demuestran que sólo alguien superior a nosotros es capaz de hacerlo.

Necesitamos activar nuestra fe para ver milagros en nuestra vida, y una vez que los hemos experimentado, estos harán que nuestra fe crezca.

 

En la Biblia encontramos milagros en el Antiguo Testamento: cuando Dios, a través de Moisés, abrió el mar para que pudieran cruzar, cuando hizo caer maná del cielo para alimentar a su pueblo o cuando brotó agua de la roca. ¿Y qué me dices del milagro del nacimiento de Jesús a través de una mujer virgen?

 

En el Nuevo Testamento, Jesús también hizo muchos milagros: caminar sobre el agua, convertir el agua en vino, la multiplicación de los panes y peces para alimentar a los cinco mil, la sanidad de muchas personas con lepra o ceguera, la resurrección de Lázaro y ¡muchos más!

 

Si lees las historias de todos estos milagros te darás cuenta que Jesús lo hizo de diferentes maneras en todos los casos, Él tiene sus razones, sus maneras y sus tiempos. Es por eso que ahora ves que Dios hace algo poderoso en la vida de tu hermana, pero no en la tuya, contigo tiene un motivo o un tiempo diferente, pero Jesús actúa y se manifiesta en la vida de todos los que creemos en Él.

 

Después de la muerte y resurrección de Jesús, ¡los discípulos también hacían milagros en Su nombre! Como la sombra de Pedro que sanaba a muchos, Esteban hacia prodigios y las personas se convertían a Cristo, las puertas de la cárcel que fueron abiertas, etc.

 

Todos estos milagros siguen vigentes para nosotros hasta el día de hoy, lo único que necesitamos es CREER. Dios no se mueve por lástima, sino que se mueve por fe, si hay algo que nos puede estar impidiendo ver milagros en nuestra vida es la incredulidad.

Y no hizo muchos milagros allí a causa de la incredulidad de ellos. Mateo 13:58

 

En mi caso pude experimentar un milagro de sanidad física. Te he contado que cuando era adolescente padecí un trastorno de conducta alimentaria que enfermó mi mente y mi cuerpo, por lo que pasé un par de años visitando psicólogos, médicos y nutriólogos para poder sanar. A causa de hacer muchas dietas restrictivas para luego comer desesperadamente, me enfermé de hipotiroidismo.

 

Tenía poco de haber conocido a Dios cuando llegó a mi ciudad una cruzada de sanidad llamada “Noches de gloria”, a la cual decidí asistir. El evento era en un estadio lleno de miles de personas, donde el pastor pidió que pusiéramos la mano en la parte de nuestro cuerpo que necesitaba sanidad y comenzó a orar. Aunque yo estaba en un lugar lejos del escenario, puse la mano en mi cuello y oré con fe. No sentí ni vi nada en específico al momento, sin embargo, meses después asistí a mi chequeo de rutina en el cual el doctor me dijo: creo que tu hipotiroidismo es subclínico y me parece que ya no tienes nada, voy a retirar el medicamento para ver cómo responde tu cuerpo. Así que dejé de tomar las pastillas, y continué con los análisis ¡y salió todo bien! Desde entonces hasta ahora no he vuelto a tener ningún padecimiento relacionado. Dios no sólo sanó mi tiroides, sino que también sanó mi mente de aquel trastorno alimenticio.

 

Así que he podido experimentar en carne propia un milagro de parte de Dios y he visto a Dios hacerlo en la vida de otras personas.

 

Sin embargo, no en todas mis circunstancias Dios ha actuado de la misma manera. Dios no siempre ha resuelto mi problema de manera instantánea, Dios no siempre ha cambiado mis circunstancias en poco tiempo, sino que Dios muchas veces me ha hecho pasar por…

 

Procesos

El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo regrese. De esto estoy seguro. Filipenses 1:6 NBV

 

Un proceso es una serie continua de fases o acciones que conducen a un fin. Son las diferentes etapas y cambios, por las cuales pasamos, para llegar, a nuestro destino.

 

Diría que lo que más me gusta del proceso no son las fases ni las etapas sino el resultado. Aceptémoslo, ningún proceso es fácil ni rápido, la mayoría de los procesos toman tiempo y se requiere de mucha paciencia, esfuerzo y oración para sobrellevarlos.

 

Digamos que el proceso no es la salida fácil y muchas de nosotras queremos evitarlo o saltarnos la parte dura, sin embargo, no nos podemos saltar el paso 2, no podemos llegar del 1 al 3 sin pasar por el paso 2. Es en el paso 2 donde sucede el conflicto del personaje, la parte más oscura y la más incierta. Ya no está donde todo comenzó, pero tampoco se sabe cómo terminará la historia, si lo logrará o no.

 

Sin embargo, a lo largo de mi caminar en Cristo he aprendido a ver la belleza del paso 2. He encontrado valor en la lucha, he aprendido a disfrutar la espera, he conocido a Dios en mi angustia, he escuchado Su voz en la soledad y sobre todo he crecido.

 

Creo que lo mejor de los procesos es que no siempre cambian nuestras circunstancias de vida, sino que cambian nuestro corazón.

 

Nos transforman a nosotras desde el interior, cambian nuestra perspectiva, nos hacen más fuertes, pero también más compasivas, más amorosas, más generosas. Nuestro carácter ha cambiado, nuestro corazón se ha ablandado y con cada proceso nos vamos pareciendo cada vez más a Jesús. Dios nos hace pasar por procesos para que adquiramos sabiduría y podamos estar listas para recibir lo que Él tiene preparado para nosotras.

 

¿Dios pudo haber sacado a José de la cárcel cuando lo apresaron injustamente? ¡Claro que podía! Pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque lo que Dios tenía preparado para José no era cualquier cosa, era una asignación grande, una posición de poder, y el corazón de José tenía que estar listo para cuando ese tiempo llegara no se corrompiera sino se mantuviera recto delante de Dios.

 

¿Jesús se pudo haber bajado de la cruz y evitar su sacrificio? ¡Claro que lo pudo haber hecho! Pero no lo hizo. ¿Por qué? Porque había un propósito mayor en su muerte, porque Jesús antes ya había pasado por pruebas y tentaciones que venció y lo fortalecieron tanto que en este punto decisivo tuvo el valor y el carácter para decir: “Padre, que no se haga mi voluntad sino la tuya”

 

Esa es la importancia de los procesos, los procesos te preparan, te capacitan y te forman para todo lo que Dios quiere hacer contigo. Por eso, no los evadas, no trates de huir o salir rápido de ellos, deja que cumplan con su función en tu vida y en tu corazón. Los procesos son necesarios, y lo más lindo de todo es que también hay milagros sucediendo en cada etapa del proceso.


Cuando Dios se revela a ti de una forma diferente es un milagro.

 

Cuando dejas de anhelar cosas indebidas es un milagro.

 

Cuando aprendes a confiar y depender de Dios es un milagro.

 

Cuando no te dejas dominar por la ansiedad, sino que te sostienes de Dios es un milagro.

 

¿Lo ves? Nada es insignificante, hay procesos y milagros sucediendo a diario en nuestras vidas porque Dios es un ¡Dios de milagros!

 

La vida es un milagro en sí misma, abrir los ojos y respirar cada día es un milagro, pero también este día está siendo parte de un proceso que te acercará al cumplimiento del propósito que Dios diseñó para ti.

 

Albert Einstein dijo: “hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro.”

 

Sigamos creyendo en Dios y confiando en que Su voluntad para nuestras vidas es perfecta. Cada situación que tengamos que atravesar algún día contará la gloria de Dios, llevemos un registro diario del amor y la fidelidad de Dios para con nosotras, y seamos testigos al mundo del poder sobrenatural de Dios.