La segunda, la tercera y las mil oportunidades

pedida

La segunda, la tercera y las mil oportunidades 

“La vida nos tumba muchas veces, pero hay segundas oportunidades y lo mejor está por llegar.” – María Dueñas


¿Crees que las personas merecen segundas oportunidades? ¿Alguna vez se la has dado a alguien más? ¿Alguna vez a ti te han dado una? ¿Y qué has hecho con ella? 

Para mí, Dios siempre será el Dios de las segundas oportunidades, las que no merezco pero que Él me da por gracia y porque me ama. Creo que nunca alcanzaré a comprender la grandeza y la profundidad del amor de Dios, pero quiero decirte que soy una mujer amada, perdonada, sanada, restaurada y agradecida con Dios por las mil y un oportunidades que me ha dado para volver a empezar,  aún después de haber fallado. Vivo y estoy aquí por gracia, sin embargo, no quiero abusar de ella.


Siempre me he sentido identificada con el rey David, y con frecuencia me preguntaba ¿por qué un hombre que cometió tantos y gravísimos errores es llamado un hombre conforme al corazón de Dios? Leyendo el libro de  Salmos me he dado cuenta de que David tuvo un corazón humilde para reconocer sus fallas, exponerlas delante de Dios y arrepentirse genuinamente, buscando recibir perdón y una nueva oportunidad. No se pudieron evitar las consecuencias de sus actos pero sí que Dios pudo escribir una nueva historia, así como lo hizo conmigo aunque yo no lo pedí ni lo esperaba. 


Cuando visualizaba el futuro de mi vida con gran incertidumbre, ya no podía ver ni soñar con nada, pues todos los sueños que pudiera haber tenido acerca de un matrimonio y una familia feliz habían desaparecido, pero Dios en su infinito amor y misericordia me concedió ese hermoso regalo. 


Como te platiqué en el tema anterior, cuando recién conocí a mi esposo tenía un poco más de mil miedos e inseguridades de volver a creer, a confiar, a abrir y entregar mi corazón, o lo poco que quedaba de él. Sentía que ya no tenía nada bueno qué ofrecer pues todo ya lo había entregado y alguien más lo había tirado a la basura, así que ya no sabía ni qué quedaba de mí más que solo la peor parte creo. Levanté muchas barreras de protección y murallas altas para que él no se acercara tanto y traspasara mis sentimientos, y cada vez que sentía que me estaba enamorando hacía algo para que se alejara de mí, pensando que yo no le convenía para su vida, que podía encontrar a alguien mejor, con otra historia y sin un pasado tan dañado como el mío, le escribía lo qué pensaba y cómo me sentía con respecto a eso, ésta es nuestra conversación por mensaje: 


 - Quisiera que las cosas fueran diferentes, quisiera borrar esto de mi historia, quisiera regresar el tiempo y haber tomado decisiones diferentes. Hubiera querido entregarte algo mejor, pero no puedo, esto es lo que soy, esto es lo que viví, ahora es parte de mi historia y por más que quiera y que lo intente, no puedo cambiarlo. Lo siento. 

 - Tenía que ser de ésta manera.  

-Me siento indigna para hablar e inservible para ayudar a alguien. No pienso que mi vida sea un buen ejemplo como para hablar y compartir.

 -¿Y si eres el ejemplo de la gracia y la misericordia de Dios? ¿El ejemplo de una vida nueva? Tienes que superar esto para seguir adelante. Ni tu eres mejor que nadie ni peor que nadie, todos los que estamos aquí estamos por la gracia de Dios, no porque seamos dignos. Nadie lo es.


Mis defectos, errores y debilidades eran los caminos mediante los cuales recibiría gracia, aunque en ese momento no podía verlo así.  La gracia solo se pega a nuestras imperfecciones, aquellos que no pueden aceptar sus imperfecciones, tampoco pueden aceptar gracia. 

Después de haber entendido ésta verdad, quise dejar que Dios usará mi vida y mis errores para mostrar Su amor y Su gracia, y mírame ahora, aquí estoy, delante de ti, compartiéndote mi vida imperfecta con sus miles de errores, abriéndote mi alma y mi corazón, exponiéndome, pero con todo esto esperando poder ayudarte y tal vez, evitarte alguna que otra lágrima y alguna que otra caída. 

Así que cuando menos lo pensaba llegó para mí una segunda oportunidad y el día que mi esposo me pidió matrimonio, lo único que respondí a su pregunta de: -¿te quieres casar conmigo? fue,  - gracias por escogerme.

No pude decir nada más, y cómo creo soy mejor escribiendo que hablando, al día siguiente le escribí ésta carta de la cuál quiero compartirte un fragmento:


“Siempre pienso que he hecho muchas cosas mal, tomado muchas malas decisiones, pero  si algo he hecho bien en la vida ha sido haber creído en Dios, recibirlo en mi corazón y permanecer en Él, tal vez tomé 12634749393028263892  malas decisiones pero esa 1 buena decisión me salvó y me trajo hoy aquí contigo.

Le pedí a Dios por una familia unida y llena de amor y hoy sé que Dios me la dará contigo porqué Él me lo prometió, ya que bien recuerdo aquel día cuando una persona se me acercó y me dijo: “Dios te dará una familia que te honre y te dignifique.”

Hoy puedo ver como la fidelidad y las promesas de Dios son más fuertes y están por encima de las circunstancias. Me queda claro que siempre que Dios te quita algo es para darte algo mejor, y que en Dios, todas las cosas siempre son de menos a más y no al revés.

Gracias por no rendirte, por atravesar todos los obstáculos y por derribar todas las barreras para poder llegar a mí, a mi yo más real. Gracias por seguir caminando y por luchar por mí, aun cuando yo intentaba alejarte, tú pudiste ver más allá.

Gracias por esperar por mí, por escogerme para toda la vida y que sea real. Quiero que sepas que nada será en vano y qué todo lo que hemos vivido valdrá la pena y hallará un propósito en Dios.

Eres más y mucho mejor de lo que algún día soñé.

Te quiere,

Tania.


Con éste tema quiero hablarte a ti, que crees que por un error has arruinado todo y que tu vida ya no vale la pena, a ti que incluso crees que te llamas como tu “error” la solterona, la embarazada, la dejada, la divorciada, la fácil, la ladrona… Un error no te define, tu actitud después de ello, sí. Tú no eres tu error, pide perdón, cambia y sigue adelante, pronto todo quedará sólo en el pasado y delante de ti se abrirá una nueva oportunidad, la oportunidad de renovarnos.


Quiero hablarte a ti que crees que ya todo está perdido, que has fallado tanto en tu relación que ya no podrán perdonarte. Si te arrepientes de todo tu corazón, y decides hacer cambios contundentes, Dios hallará una manera de restituirte todo lo que crees haber perdido. 


Te escribo a ti que has pasado o estás pasando por una ruptura amorosa, que crees que has perdido tu valor como mujer, que crees que nadie más podrá amarte o que tú serás incapaz de volver a amar. Hay sanidad para los corazones rotos y una esperanza para un futuro feliz.


Éste tema también es para ti, que crees que la vida te ha presentado muchas buenas oportunidades pero por miedo e inseguridades las has dejado pasar, aquel sueño que tienes, aquel trabajo o proyecto, aquella persona que sabes que vale la pena, ve por ello, atrévete y hazlo aún con miedo. ¿Te imaginas el miedo que pudo haber tenido mi esposo al empezar a buscarme y que yo lo rechazara? Sin embargo, corrió el riesgo en medio de un tiempo donde Dios le hablaba de prioridades y oportunidades y pensó: “tengo que conocerla, ella es una oportunidad que no puedo dejar pasar.” 


Y por qué no, también te hablo a ti que eres una mujer de edad avanzada que crees que por tu edad ya tienes menos oportunidades, tú también tienes derecho a ser feliz, a reinventarte, a reconstruirte, a volver a soñar, a volver a enamorarte y empezar de nuevo las veces que sea necesario. 


 Y sí, es verdad que existe el dolor, la traición, el desamor, la pérdida, la soledad, el divorcio, la enfermedad, la sequía y la guerra. Pero también es verdad que existes Tú, y tú y yo, la unidad, la paz, la esperanza, el amor verdadero, el perdón y la misericordia, la gracia y las segundas oportunidades, las historias con finales felices y la restitución de lo perdido. 


Yo soy aquella mujer que ha recibido una segunda, una tercera y mil oportunidades, si crees que ya no la hay para ti tan sólo mira mi vida, soy el ejemplo viviente del perdón, la gracia y la misericordia de Dios que sé que también están disponibles para ti, recíbelos y recibe también éste mensaje de parte de Dios:  


Yo voy a hacer algo nuevo, y ya he empezado a hacerlo. Estoy abriendo un camino en el desierto y haré brotar ríos en la tierra seca.” Isaías 43:20 TLA

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