Fuera de lugar

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Fuera de lugar 

“El arte de no encajar en el mundo, de amar con todas tus fuerzas y seguir buscando un lugar en las estrellas.” – Engels Brawn


Cuando estudiaba la preparatoria no era cristiana aún, pero tenía una compañera que sí lo era. Recuerdo que me parecía “rara”, no entendía por qué no quería hacer muchas cosas con los demás de la escuela, casi no salía con nosotros, no le gustaban las fiestas, y los fines de semana siempre estaba en la iglesia. Su vida me parecía diferente y un tanto aburrida, además pensaba que sufría por no poder hacer muchas cosas, y que se estaba perdiendo su juventud.


La realidad es que yo estaba sufriendo, aunque salía mucho, iba a muchas fiestas y parecía divertirme, en mi interior no siempre era feliz.


A los pocos años me encontré con Jesús y mi vida cambió. Entonces empecé a comprenderla y en la universidad ahora yo era “la rara” pero no me importaba porque estaba siendo muy feliz.


Siendo cristiana probablemente te has sentido fuera de lugar en muchas situaciones y con muchas personas. Tal vez en la escuela o en tu trabajo, tal vez en tu propia familia, tal vez no “encajas” en algunos círculos sociales, tal vez tú no sigues las tendencias, etc.

Y… está bien. No siempre se siente bien pero… está bien.

 

Si ustedes fueran del mundo, la gente del mundo los amaría, como ama a los suyos. Pero yo los escogí a ustedes entre los que son del mundo, y por eso el mundo los odia, porque ya no son del mundo. Juan 15:19 DHH


A todas nos gusta sentirnos “parte de algo”, y nos encanta esa sensación de pertenencia. Es por eso que hemos encontrado nuestro lugar en Dios, quien nos ha dado una familia con personas que comparten nuestra fe y convicciones.


Cuando empecé a asistir por primera vez a un grupo de jóvenes, no entendía que estaba haciendo ahí ¿cómo íbamos a ser amigos todos nosotros si no teníamos nada en común?

Veía a unos medio hippies, yo “medio fresa”, unos con mucho dinero y otros con poco dinero, de edades distintas, con educación, cultura e historias tan diferentes que en una reunión me quedé observando y pensé: tal vez todos seamos tan diferentes, pero tenemos algo en común que es lo que nos une: El AMOR. Amamos a Dios y nos amamos los unos a los otros sin importar nuestras diferencias.

Y recuerdo que esa noche en la reunión mientras oraba, Dios me susurró al oído: “Sí, estás en el lugar correcto.”


Con el pasar de los años parece que esas diferencias se van haciendo más y más notables y como humanos empezamos a tomar algunas actitudes que no corresponden al carácter de Cristo. A veces se va entrometiendo el mundo, el enemigo y nuestro yo para dividirnos, y así es como en una etapa de mi vida llegué a pensar que tal vez por ahora ya no tenía un lugar dentro de la iglesia de Cristo.



¿Fuera de lugar en la iglesia?

Mientras mi vida caminaba conforme a la norma o a lo esperado, todo seguía su curso, pero cuando ocurren eventos desafortunados que sacuden y cambian nuestra vida por completo, empezamos a tambalear, a dudar y a querer huir o salir corriendo para evitarnos la vergüenza y la crítica. Mucho más en un entorno en el que parece que todos están bien, son felices, se equivocan poco y les va bien en lo que hacen. Es entonces cuando empiezo a pensar que “ya no es un lugar para mí” porque he fallado.


Aquí empieza la primera mentira que el enemigo quiere hacerte creer, porque la iglesia es el lugar en donde siempre serás bienvenida y sí hay un lugar para ti. Es verdad que no siempre nos sentimos así.


A lo mejor hemos sentido que la iglesia se parece al colegio, en donde había grupitos de “los fresas”, “los populares”, “los inadaptados”, nada más que aquí son “los de la alabanza”, “los líderes”, “los ungidos” y entonces ¿a qué grupo pertenezco yo?


Si te soy honesta, en una etapa de mi vida me sentí así. Veía la vida de otras personas y me preguntaba a mí misma y a Dios ¿por qué mi vida no se ajustaba al “molde” o no cabía en esa “cajita cuadrada” en la que parecían vivir las demás personas en la iglesia. Esa vida en la que sólo tienes un novio y te casas con él, o en donde va toda la familia junta a la iglesia los domingos porque todos son cristianos.


Tal vez tú te hayas casado muy joven y te sientas fuera de lugar con los matrimonios mayores, tal vez tengas hijos pero no estés casada y te sientas fuera de lugar yendo a un lugar en donde la mayoría de las mujeres tienen esposo, tal vez vayas sola a la iglesia porque tu familia vive en otro estado o porque ellos no creen en Dios, tal vez ya tienes 35 o más y no te has casado y te sientes fuera de lugar con el grupo de jóvenes o con otras personas de tu edad, tal vez seas parte de un matrimonio de muchos años de casados pero que nunca tuvieron hijos y te sientes fuera de lugar porque todos los temas y pláticas de alguna u otra forma terminan en hijos. Tal vez te hayas casado, pero te divorciaste o eres madre soltera o viuda, y bueno… tal vez te sientas fuera de lugar, o fuera del “común denominador dentro de la iglesia”.


En ocasiones no es más que nuestra percepción sobre la iglesia y las personas que asisten a ella, a veces son más ideas que están en nuestra mente que nos hacen sentir así. La iglesia es el lugar correcto para encontrarte y reencontrarte con Jesús, es un lugar para aprender y crecer.


Si te has sentido juzgada o excluida dentro de la iglesia, por miradas o actitudes, hoy te pido perdón en nombre de la iglesia y como parte de ella. Es mi deseo que Dios pueda sanar tu corazón y mostrarte su amor a través de las personas correctas. Que no importando tu circunstancia o tu situación de vida encuentres amigos y amigas de verdad que te acerquen a Dios, te amen y te acepten tal como eres. Por mi parte, cuando me sentía “fuera de lugar” en la iglesia me gustaba pensar en estas mujeres de la Biblia y su condición.


La mujer del flujo de sangre Lucas 8:43-48
Una mujer enferma por muchos años, con una enfermedad que era vergonzosa y rechazada por la sociedad porque era considerada como inmunda. Ella tuvo fe y sin importar su condición decidió acercarse a Jesús atravesando una multitud de miradas, rechazo y comentarios, puso su mirada en Jesús y lo tocó. Esa acción hizo que aún más todos voltearan a verla, quedando expuesta pero al fin recibió lo que por tantos años había anhelado: salvación y sanidad.


La mujer samaritana Juan 4
No conocía a Jesús, además eran diferentes y no se podían llevar bien pues el era judío y ella samaritana. Su pueblo podía criticarla por estar hablando con un hombre judío, y en cuanto a Jesús, incluso sus discípulos se extrañaron de que estuviera hablando con una mujer, una escena fuera de lugar. Pero Jesús la conocía, sabía su pasado y su historia de vida, sabía que había tenido 5 esposos y que vivía con un hombre que no era su esposo. No la juzgó, sino que se sentó con ella, la escuchó, le habló a su corazón y le dio de beber el agua de vida eterna. Además, dice la Biblia: Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: «Él sabe todo lo que he hecho en la vida.»


La mujer adúltera Juan 8

Una mujer que había fallado, había sido expuesta y condenada a muerte por su error. Sería apedreada por personas con gran conocimiento y religiosos (escribas y fariseos), pero Jesús intervino y la defendió, calló las bocas de los que la acusaban, la perdonó, la restauró y le dió una nueva oportunidad.  Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?  Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más

La mujer que derramó el perfume a los pies de Jesús Lucas 7:36-50
Tan sólo el título del capítulo dice: La mujer pecadora que ungió a Jesús. Imagínate, Jesús comiendo en casa de un fariseo junto con sus discípulos, y de repente entra esta mujer pecadora, totalmente fuera de lugar. El fariseo diciendo: “si supiera quien es esta mujer y que tiene fama de pecadora”. Todos mirándola como una desubicada, cuando en realidad ella estaba en el lugar correcto (los pies de Jesús) y con la persona correcta. Momentos después Jesús da una enseñanza a sus discípulos y a otros invitados que estaban ahí y le da a ella su lugar. Un lugar de honra.


Con toda mi vergüenza y mi dolor decidí seguir yendo a la iglesia porque sabía que ahí encontraría mi sanidad y que cerca de Jesús estaría mejor que lejos de Él. Hice a un lado las miradas y comentarios de los demás y fijé mi mirada en Jesús, aquel que no me condenaba si no que me amaba y me quería cerca.


Tal vez te hayan señalado pero Cristo no te condena, no estás en un examen o una evaluación constante con Jesús, no tienes que juntar puntos o aprobar ciertos créditos para ser aceptada por Él. Jesús te ama, así como eres, con la historia de vida que tengas, con tus buenas y malas decisiones, lo único que tienes que hacer es creer en Él y recibirle en tú corazón.

 

Te aseguro algo, en cualquier momento podrás sentirte fuera, ya sea dentro o fuera de la iglesia, pero en donde nunca estarás fuera de lugar es con Él. Él es tu lugar, Jesús, el mejor lugar donde puedes estar.


La pregunta ahora es ¿aún hay un lugar para Jesús en tu corazón o has dejado a Jesús fuera de lugar en tu vida?