Es tiempo de sembrar

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Es tiempo de sembrar 

“Otras semillas cayeron entre espinos. Cuando los espinos crecieron, apretaron las espigas de trigo y no las dejaron crecer. Pero otras semillas cayeron en tierra buena y produjeron una cosecha muy buena”. Mateo 13

 

Dios y yo hemos estado trabajando mucho en mi corazón, sobre todo en estos últimos años  ha sido un arduo trabajo pero creo que he avanzado bastante. Una de mis oraciones y peticiones constantes a Dios es: “por favor no dejes que siga siendo igual, no dejes que me quede estancada sin darme cuenta”.

Para mí lo peor que pudiera pasarme es seguir creciendo en edad pero darme cuenta que no he cambiado nada, que sigo siendo la misma persona, en el mismo lugar y haciendo y pensando las mismas cosas. Sé que voy a seguir fallando y cometiendo errores pero por lo menos que sean diferentes y no seguir repitiendo. Por eso me esfuerzo en buscar a Dios, en luchar por mantener mi corazón sano, en seguir aprendiendo y creciendo. Avanzando.

 

Como te platiqué en el tema anterior El jardín de mi corazón – Corazón de Diamante (corazondediamante.com.mx) tuve que arrancar muchas raíces malas de pensamientos en mi mente y  sentimientos en mi corazón, en ese momento mi jardín parecía un completo desastre, pero ya había cavado profundo y los huecos ya estaban hechos, listos para recibir lo nuevo que había de sembrar. Ésta vez sería cuidadosa en elegir lo que quisiera que creciera en mi jardín, pues sabía que de esas semillas posteriormente crecería un árbol y ese árbol daría frutos, y eso es la parte visible, lo que todos verían en mí, así que después de todo este proceso que viví tenía dos opciones:

1.    Sembrar plantas con espinas

2.    Sembrar plantas aromáticas y árboles frutales

¿Cuál sería el resultado a largo plazo? ¿Cómo se vería mi jardín? ¿En qué tipo de persona me convertiría después de lo que viví?

 

Plantas con espinas 

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Algo así se vería mi jardín habiendo elegido  la primera opción. Seco, árido, solitario, peligroso, y poco colorido. La razón de las espinas en las plantas es para protegerse contra insectos y animales que quieran comérselas, en resumen, es su mecanismo de defensa.

 

Mi corazón era un jardín lleno de plantas con espinas, ya me habían lastimado mucho y muy profundo las personas que más amaba y las que estaban más cerca de mí. Tenía demasiadas heridas y mi corazón ya no podía soportar tanto dolor; así que hice crecer espinas para defenderme, para protegerme, para contratacar.

Pensaba que cualquier persona que  quisiera acercarse a mí era para hacerme algo malo, pensaba que cualquiera que se presentara ante mi como un amigo en realidad era un enemigo, así que tendría que estar alerta, vivía a la defensiva todo el tiempo y cómo ahora yo tenía las espinas yo sería esa persona que hiere en lugar de que me hirieran a mí.

¿Te das cuenta? Estaba entrando en un círculo solitario y destructivo, en donde alejaba a las personas, incluso a las que se preocupaban por mí y querían hacerme bien. ¿Y cómo es posible que ahora yo me estaba convirtiendo en aquello que tanto odiaba? Una persona que hiere. Pero así es, las personas heridas, hieren.

Me sentía como un puercoespín, ¿has escuchado ese cuento? Ahora te lo cuento para que me entiendas mejor.

Llegado el invierno, muchos animales comenzaron a morir de frío. Los puercoespines al ver ésta situación decidieron unirse en grupos, de esa manera se abrigarían, se protegerían y ofrecerían más calor entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, por lo tanto se alejaron unos de los otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra.  Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos, de esa forma aprendieron a convivir unos con otros, aún a pesar de las espinas de cada uno y de esa forma pudieron sobrevivir.

Muchas veces miramos las espinas de los demás y no nos damos cuenta de que nosotras también las tenemos. Me ha costado mucho entender que no estamos hechas para vivir en soledad, que nos necesitamos unas a otras y que con sabiduría tengo que decidir volver a construir relaciones sanas para no morir de frío.

 

En mi intento por cambiar, mejorar y por volver a establecer lazos con las personas me propuse dejar de ser una planta con espinas y elegí convertirme en una rosa. Las rosas son bellas. 

 

A menudo las espinas producen rosas

 

Un hombre había plantado una rosa y la regaba constantemente para que creciera bien. Antes de que la planta floreciera, la observó detenidamente. Entonces, notó espinas sobre el tallo y pensó: "¿cómo puede una flor que será tan bonita estar rodeada de espinas tan afiladas?"  

De pronto, sintió una profunda tristeza y rehusó regar la rosa y, antes de estar lista para florecer, la flor murió.

 

 

Esa rosa se parecía mucho a mí. Dios me estaba regalando (como ya te he platicado en temas anteriores, La segunda, la tercera y las mil oportunidades – Corazón de Diamante (corazondediamante.com.mx)) una segunda oportunidad, la oportunidad de conocer a un hombre que me quería y que quería iniciar una relación conmigo y decidió empezar a sembrar en mí y a regarme para que creciera bien y volviera a florecer. 

 

Él sembró en mí seguridad en medio de un mundo que me parecía sumamente peligroso y con muchos atacantes. Sembró en mí confianza, la confianza de poder sentirme nuevamente una flor y de volver a estar plantada y lista para florecer, pero ahora en un terreno seguro.

Él me recordó cuánto valía como persona y nunca dejó de verme como aquella rosa, roja por fuera pero blanca por dentro, única en su especie, con pétalos suaves y delicados, frágil en ocasiones, fuerte y salvaje en otras, pero nunca perdió de vista mi naturalidad, mi esencia.

Sin embargo, como aquel hombre de la historia, un día me observó detenidamente y notó las espinas sobre mi tallo, espinas que constantemente lo alejaban cada vez que quería acercarse a mí, espinas que pinchaban ante el más sutil contacto.

-Te quiero conmigo, te quiero cerca, pero tus espinas me lastiman.

 

Sin embargo, él lo seguía intentando, cómo diría Anne Brontë “aquel que no se atreve a agarrar la espina, no debería ansiar la rosa”.

 

Él me amó, con todo y mis espinas, y me siguió regando para que creciera bien, él pudo verme en mi totalidad, conoció la belleza de mis pétalos y su delicado aroma, pero también se atrevió a mirar mis espinas. Entendí que para poder estar con él en una relación sana tendría que cortar mis espinas para no lastimarnos, así que me quede con él pero no quise seguir siendo una rosa, ahora quería ser un árbol. 

 

Todo comienza y termina con un árbol

“Al árbol caído le queda la esperanza de volver a retoñar. Tal vez el tronco y las raíces
se pudran en la tierra, pero en cuanto sientan el agua volverán a florecer, y echarán ramas,
como un árbol recién plantado”.
Job 14:7-9

 

Ese es el ciclo, el ciclo de la vida, una semilla que es plantada necesita sol, agua, tiempo y espacio para germinar. Echa raíces, crece, nace su tronco, se extienden las ramas, brotan las hojas que dan lugar a hermosas flores de colores y que serán el hogar de un fruto, visible y comestible, lleno de abundantes vitaminas y propiedades benéficas para el cuerpo y que alberga dentro de sí, una semilla.

Una semilla que se seguirá esparciendo, cumpliendo su función y siendo alimento para muchas personas. Esto es lo que quiero ser, lo que Dios dice que soy y lo que quiere que sea. Un árbol lleno de vida y con mucho fruto, quiero que mis hojas sean medicinales y traigan sanidad y cura para muchas mujeres enfermas del alma. Quiero que mis frutos sean dulces y que sean distribuidos a muchas partes del mundo, para ser el buen alimento que nutre el espíritu, no por lo que yo pueda hacer, sino por lo que Dios ha hecho en mí, por su palabra, por su poder, por su amor.

 

 

Tengo una serie de imágenes grabadas en mi cabeza que aparecen en un separador que mi mamá me regaló cuando tenía 11 años y que aún conservo conmigo, lo veía y lo leía todos los días, observa las imágenes: 

 

 

separador

Es cierto, necesitare de mucha paciencia, los árboles no crecen de la noche a la mañana, tendré que tener un riego constante y hacer todo lo que esté en mis manos para mantenerme firme, pero Dios se encargará de lo imposible, de lo que yo no puedo hacer y es Él quien dará el crecimiento.

 

Es irreal vivir en un mundo rodeado de personas y pensar que no volveremos a ser heridas, probablemente nos hieran muchas veces más y de maneras inimaginables, pero la realidad es que nosotras también hemos herido con nuestras espinas. Sin embargo, prefiero aprender a lidiar con las espinas de los demás y las mías que  morir de frío en la soledad.

Además, recuerda que siempre tendremos a Dios y él nos ayudará a sanar cada herida por completo, por muy profunda que sea, y siempre estará con nosotras para arrancar las raíces malas que quieran echar a perder nuestro jardín. Es un trabajo en equipo poder mantener nuestro jardín vivo y sano, pero  tienes al mejor jugador dentro de tu equipo y  tu vida termina en victoria.

 

Riega diariamente tu jardín, con el agua suficiente y necesaria, no dejes que se marchiten las flores, no dejes que muera tu sonrisa, no permitas que te arranquen los sueños, no dejes que te queme el sol por estar plantada en la superficie, plántate con firmeza, enraizada en la roca, con raíces largas y fuertes. Que cuando vengan los vientos y las tormentas, te sacudan pero no te tumben, y cuando hayan pasado mirarás a tu alrededor y verás muchos árboles caídos pero tú no serás uno de ellos, tú serás como un árbol plantado junto a corrientes de agua, llegado el momento darás mucho fruto y tus hojas no se marchitarán y ¡todo lo que hagas te saldrá bien! Salmo 1:3 TLA

 

 

Así que ya sabes, en primavera o en invierno, en un jardín o en medio del desierto, en las mejores circunstancias o en medio de las más adversas pero sin duda, VOLVERÁS A FLORECER. 

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