El valor de lo invisible

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El valor de lo invisible 

  Hace muchos años recuerdo haber visto un video cuyo mensaje me gusta mucho, se llama Mujer Invisible. La mujer del video cuenta como se sentía invisible para su esposo y sus hijos, y menciona como en una ocasión fue a una reunión con sus amigas y una de ellas le trajo un libro de las “Catedrales de Europa” y al leer la dedicatoria decía lo siguiente:   


  “Con admiración por la grandeza de lo que tú estás construyendo cuando nadie lo ve”.   


 Al hojear el libro y ver las fotos de todas esas magníficas catedrales se dio cuenta de que ninguna tenía el nombre del artista y todas decían: anónimo. Entre las historias se cuenta de un hombre, un escultor, que estaba tallando un ave en una esquina de la catedral dentro de una viga la cual sería cubierta por un techo, a lo que una persona se le acercó y le preguntó: ¿por qué empleas tanto tiempo en hacer algo que nunca nadie verá? y el escultor respondió: “Porque Dios ve”   


En medio de un mundo donde se busca constantemente la exposición y el reconocimiento, la aprobación y las vistas, la mejor cara, el mejor lugar, el momento perfecto y la pareja ideal, he encontrado valor en lo que no se ve. Un valor que existe sin manifestarse o exteriorizarse.   

Con frecuencia valoramos y nos comparamos con las cosas que podemos ver en los demás, sus logros, su familia, sus relaciones, sus bienes materiales, pero … ¿qué hay detrás de todo eso? ¿qué hay con lo que no se ve pero que está ahí? No podemos ver ni saber lo que pasa por la mente de las personas o lo que hay en su corazón, pero sí importa.   ¿Será que la realidad de nosotras mismas es más aquella que no se ve que la que se puede ver?   ¿Qué hay detrás de esa sonrisa, del trofeo, de la puesta en escena, de la foto familiar, de ese cuerpo que admiras y te gusta pero…sabes la manera en la que se obtuvo?   

Hay cosas que hacemos, decimos y vivimos en secreto. Cosas con las que luchas y que nadie o pocos saben, pero no porque “alguien” no las vea ni las sepa significa que no existen, ahí están y son reales.

   

Muchos piensan y creen que lo que tengo ahora es circunstancial o es una casualidad, pero solo yo sé las oraciones que hice a Dios en lo secreto, sólo Dios sabe y ha visto las cosas que en silencio y en secreto le entregué, todo a lo que renuncié, las intenciones genuinas de mi corazón y la obra que hemos estado construyendo día a día, con sacrificios personales de los cuales nadie será testigo sino solo Él. Por qué cuando parece que nadie te escucha Él sí, y dónde piensas que no hay nadie, Él está, y si crees que nadie te ve, Él lo ha visto todo.   Podrás ser invisible para los demás, pero nunca lo serás para Dios, ningún sacrificio que hagas será demasiado pequeño como para que Él no lo note y recuerda que aunque nadie lo vea y aún si tu nombre jamás fuera escuchado, estás construyendo una “Gran Catedral” y eso está bien. Está bien si nadie ve y si nadie sabe, es una cura para nuestro egocentrismo y un antídoto para nuestro orgullo.   

Así que cuida lo que haces en secreto y en intimidad pues de algún modo se verá reflejado en tu vida pública. Lo bueno dará su fruto y lo malo también, tarde que temprano todo tiene su recompensa. Haz el bien, aun cuando nadie te vea, no pienses que: “solo vale si alguien lo ve”, “solo cuenta si alguien me lo reconoce”, no es así. No vivimos para los hombres, vivimos para Dios, aquel que ve y sabe todo, para Él hacemos las cosas.   


Hay valor en aquel sacrificio que hiciste para llegar a donde estás, en aquello a lo que renunciaste por obtener algo mejor. Tal vez muchos pueden ver lo bueno que tienes ahorita pero solo pocos saben y conocen el dolor que sentiste y el precio que tuviste que pagar para obtenerlo. 


Hay valor en lo que no te salió bien, pero que hiciste con mucho esfuerzo. Muchos te criticarán por tus errores y fracasos, pero pocos valorarán tus intenciones, tiempo y dedicación. No te preocupes, después de ésta caída viene una gran victoria para ti, porque todo esfuerzo es recompensado.   


Hay valor en aquellas palabras que querías decir pero que callaste por respeto, porque más vale ser paciente que valiente y tú hoy optaste por ser sabia y prudente. También hay valor en aquellas palabras que dijiste sin saber explicarte o que se malentendieron cuando tu intención era otra. Tranquila, todo se va a arreglar y en su momento se sabrá que la verdadera intención de tu corazón no era lastimar sino ayudar.  

 

Hay valor en reconocer nuestros errores y en saber pedir perdón cuando nos equivocamos, en aquel perdón que ofreciste aun cuando no fue tú culpa y en el orgullo que dominaste para poder hacerlo. Y por supuesto que también hay valor en perdonar, en ceder, en dejar a un lado nuestro egoísmo y nuestra posición de víctima, y sin guardar rencor, otorgar perdón a la persona que nos lastimó, porqué bien sabemos que vale más la persona y la relación que tener la razón.

   

Hay valor en el reconocimiento que otro se llevó porque le cediste el paso y le abriste camino. Creerás que quedaste en segundo plano, que tú trabajo y tu esfuerzo sirvieron para que otro brillará y no tú. Domina tu ego, tú sigues brillando con luz propia y ésto no te resta valor. Sigues siendo tú, siguen siendo tus ideas, tus dones, tus talentos y tus logros, quédate con eso.   


Hay valor en las buenas decisiones que elegiste tomar cuando era más fácil hacer lo malo, sé que fue difícil ser la única, cuando todos elegían el camino contrario. Permanece y no te canses de hacer el bien, pues a su tiempo cosecharás.  

 

Hay valor en las oraciones que haces en secreto por alguien con un corazón sincero y en las lágrimas que derramaste sin que nadie te viera, sino solo la noche. En las madrugadas que no dormiste pensando y extrañando a ese alguien, aunque ese otro ni si quiera piense en ti. Tú tienes un corazón que ama, que espera, que cree, que confía. Guárdalo.   


Hay valor en los cambios que ocurren día a día en el interior de tu alma, en lo mucho que te costó transformar ese mal hábito, en el carácter áspero que cada día se vuelve más noble, en tu personalidad fría que cada día se va acalorando un poco más, en lo que antes eras que hoy ya no eres y que no volverá, porque has crecido.   


Hay valor en la disciplina detrás del éxito, en la prioridad por encima de la cotidianidad. Y en las veces que lo entregaste todo sin tener nada, en el momento que todos se rindieron pero tú seguiste adelante, o cuando te atreviste a hacerlo con todo y miedo.   


He encontrado valor en la lucha, la que se pelea en silencio pero con fuerza y honor. Porque en un mundo donde solo se aplaude lo visible, quiero aprender a ver lo invisible y encontrar valor en lo impercetible.   Veo valor en ti. Un valor que pocos ven pero que está ahí latente, intransgredible e incuestionable y que habla de quién eres en realidad.

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