¿Corazón de cristal o corazón de diamante?

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¿Corazón de cristal o corazón de diamante?


La herida

Romper es hacer una abertura en el cuerpo, hiriéndolo.

 

  Me rompí.   ¿O me rompieron?   En realidad no lo sé, el caso es que estaba rota por dentro.   

 ¿Quién había tenido la culpa? ¿Él, ella, yo, Dios?   Creo que no venía al caso tratar de encontrar culpables, a fin de cuentas el daño ya estaba hecho. No se cómo me veía por fuera o cómo me veían las personas, pero en mi interior  sentí que quedaron solo pedazos de mí.  

De la misma manera en la que se rompe un vaso de cristal, me había roto en mil pedazos irregulares que quedaron por todos lados, pedazos de mi alma y de mi corazón, pedazos de las cosas que algún día fui y que no volverían. Pedazos de sueños e ilusiones rotas quedaron en el piso en aquellos días, y con ellos, mi esperanza de un futuro feliz.   

 

Todo se había terminado, sentí que lo perdí todo y que quedaba solo un poco de mí, así que me pregunté:

 - ¿Para qué sirve un vaso roto? – Para nada. Ha perdido la función para la cual fue creado. No podrá jamás volver a sostener algún líquido pues todo se derramaría, es entonces cuando ha llegado el momento de desecharlo y de reemplazarlo.   

 -Qué frágil soy. – pensé dentro de mí. Igual de frágil que un vaso de cristal, que a partir de ahora ya no tendrá utilidad, o por lo menos no la misma. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo podré continuar viviendo con un corazón de cristal y además …roto? 

 

 Jamás volveré a ser la misma después de lo que viví. Hay acontecimientos que nos transforman, hay sucesos que claramente son mayores que nosotras y que superan nuestras fuerzas y nuestra resistencia. Algunos nos dejan grietas en el interior, podemos seguir funcionando o seguir de pie aunque por dentro sabemos que estamos algo rotas. Pero otros nos rompen por completo. Los materiales frágiles son incapaces de recuperar su forma original una vez sometidos a una fuerza que supere su resistencia. 

 

¿Por qué no puedo tener un corazón más fuerte?- le repetía constantemente a Dios. ¿Por qué me diste un corazón débil? Me afectan mucho muchas cosas y ya estoy cansada de tanto llorar.

 

Entonces tuve dos opciones:

  1. Seguir quejándome de mi situación, lamentándome de mi misma, haciéndole incontables preguntas y recriminaciones a Dios por lo que estaba viviendo o …
  2. Luchar por ser reparada

Y la verdad es que, aunque no sabía exactamente cómo lo haría, decidí repararme para estar completa.     

 

Una restauración

"No hay una belleza realmente excelsa que no tenga una anomalía en sus proporciones."

–Francis Bacon

 

   Tal vez has escuchado hablar del arte Kintsugi. Es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina con oro. Plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Así, al poner de manifiesto su transformación, las cicatrices embellecen el objeto. Este arte no trata de arreglar los defectos, no intenta perfeccionarlos, simplemente vuelve a convertir la pieza rota en algo completo. Celebra la totalidad y la fragmentación, la idea de que la auténtica belleza está compuesta por ambas, es decir aquello que se ha roto siempre puede ser más fuerte y más valioso, pues se ha restaurado con un material más caro y más fino, el cual hace que aumente el valor del objeto. 

 

Por mucho tiempo me sentí avergonzada de lo que había vivido, me sentía fracasada, ridícula e inservible. Vivía tratando de ocultar lo que pasó, deseando que nunca hubiera pasado, quería regresar el tiempo para poder hacer algo diferente. Repasaba la historia en mi cabeza una y otra y otra vez de principio a fin intentando encontrar “el fallo”, pero mientras más le seguía dando vueltas a estos pensamientos más infeliz me hacía. Hasta que un día decidí dejar de ocultar y avergonzarme de mis heridas y lejos de esconderlas decidí venir a Dios y exponerlas; así como esa taza quebrada, y Dios, que es el mejor artista, comenzó con su mejor obra. Un proceso de restauración con polvo de oro para mi corazón. 

 Y así fue como mis heridas pasaron de ser un trazo de oscuridad a ser una ventana de luz. Solo el trazar un incidente doloroso con polvo de oro es aceptarlo como una joya valiosa. El poeta Rumi decía que “la herida es el lugar por donde entra la luz”. Y por otro lado, su valor también aumenta. En lugar de que un objeto roto deje de servir y sea desechado, su función se transforma en otra: en un mensaje activo.  

 

Lo dañado tiene una historia digna que contar

“El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos”. - Ernest Hemingway

 

  Así como yo, tal vez pienses que tu vida ya no sirve para nada y que incluso tú ya no vales lo mismo después de cierto acontecimiento. Pero quiero decirte, que si aquella vivencia no te destruyó y aún sigues aquí, junto conmigo, es porque tenemos una historia que contar y un mundo que transformar con la ayuda de Dios a través de nuestro testimonio. 

Con el tiempo aprendí a amar mis cicatrices, porque sí, quiero decirte que mis heridas sanaron. No pasó nada de lo que deseaba, no regresé en el tiempo, no encontré todas las respuestas, no pude cambiar el pasado pero lo acepté con amor. Aún me quedan algunos recuerdos, pero ya no lo recuerdo con dolor ni con vergüenza. Me quedaron algunas cicatrices, pero ya no intento ocultarlas. Ahora las miro y pienso que son mis marcas de honor, marcas de aquellas batallas que he peleado y que me hicieron más fuerte y más valiosa. Es la belleza de las cicatrices.

 

Y mi corazón que antes era de cristal, ahora es de un material diferente. Más fuerte, más resistente, más brilloso y con más valor. Dentro de mí se formó un corazón de diamante. Muchos pensaran que en apariencia es igual, pero al mirar de cerca y conocer sus propiedades te darás cuenta de que el diamante es la sustancia más resistente conocida en el universo, está construido de átomos de carbono en una disposición tan estrecha que sus enlaces son casi irrompibles. 

 

Y llegará el día en el que alguien verá tu valor, el valor que siempre has tenido pero que han intentado borrarte porque la realidad es que cada golpe te hizo más fuerte, cada corte aumentó tu valor. Y aunque el mundo pensó que te hería y te destruía, en realidad se estaba formando una piedra de gran valor, casi indestructible. 

Fuimos formadas bajo presión, y aunque antes parecíamos carbón y nadie veía nuestro valor, el proceso nos transformó y ahora tú y yo tenemos un corazón de diamante.

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