Cómoda en mi propia piel

Cómoda en mi propia piel

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Todo empezó con mi obsesión por querer ser perfecta.  
     

(Obsesión: consiste en una idea permanente o pensamientos negativos que determinan la conducta de una persona, ocasionando malestar y ansiedad, y que la llevan a realizar conductas que van en contra de su voluntad)   

 

Siempre fui de las mejores estudiantes en la escuela, de los primeros lugares en gimnasia, con una cara bonita y un cuerpo delgado. No necesitaba más; sin embargo para mí nunca era suficiente.   

Nunca era lo suficientemente buena o inteligente o bonita o delgada y así fue como empecé a dejar de comer para “verme mejor”, a tener conductas restrictivas en cuanto a mi alimentación y a tener conductas compensatorias en cuanto a mi manera de hacer ejercicio pasando horas en el gimnasio. Intentando alcanzar un estándar de belleza que nadie me impuso pero que existía en mi cabeza.   

La comida se convirtió en mi enemiga, aprendí a contar todas las calorías que había en un plato y me invadió un miedo constante a engordar. Pensaba que viéndome así me ganaría la aceptación y la aprobación de la gente, que tendría más amigos, que le gustaría más a los niños y que las personas a mí alrededor me amarían más.   

Pero en mi exterior nada cambiaba, no importaba cuánto yo me esforzara por lograrlo. Nadie notaba nada y todo seguía siendo igual. Así que un día me dije - ¿qué caso tiene y de qué sirve todo el sacrificio que hago?, de todas maneras no le gusto a nadie, nadie me ha puesto más atención y nadie me quiere más.   Así que empecé un camino hacia el otro extremo, un camino de autodestrucción. 

Después de haber vivido varios meses en restricción ahora solo quería comer y comer y comer. Así fue como en un periodo corto de tiempo subí 13 kg y de ser una persona que siempre había sido delgada, ahora era una persona con sobrepeso y atrapada en un círculo vicioso de comer-sentir culpa- compensarlo haciendo dietas estrictas y ejercicio-volver a comer descontroladamente.   

 

Estaba atrapada y no sabía cómo salir de ahí. Pasé los siguientes 2 años de mi vida enferma física, mental y emocionalmente, visitando muchos doctores y especialistas que pudieran ayudarme.   Me odiaba a mí misma por haber perdido el control y no me gustaba lo que veía en el espejo. Recuerdo días llorando en el centro comercial al ir a comprar ropa o probarme ropa que no me gustaba como se me veía. Recuerdo otros días dejando de ir a fiestas o salidas con amigos porque no me sentía a gusto con nada de lo que había en mi clóset para salir, así que prefería no hacerlo y quedarme en casa.   Intenté de muchas formas, busqué ayuda con muchos médicos, muchas dietas, muchos tipos de ejercicio, terapias e incluso estudié Nutrición como mi carrera profesional. Y sí, tener más conocimiento e información sobre el tema me ayudó, al igual que todos los tratamientos anteriores. Pero el cambio verdadero inició cuando dejé de hacer todas esas cosas por odiarme y odiar mi cuerpo y empecé a aceptarlo y amarlo.     

 

Ámate 

No es lo mismo decir: haré una dieta y ejercicio porque odio mi cuerpo y quiero cambiarlo, a decir: como saludable y hago ejercicio porque me amo, amo mi cuerpo y quiero cuidarlo.   Cuando tu motivación surge del amor en lugar del odio, ocurren cambios significativos.   

Amar tu cuerpo no significa “dejarte”. Amar tu cuerpo tampoco significa que tenga que ser “perfecto”. Amar tu cuerpo significa que evitarás realizar acciones que lo lastimen, y que realizarás acciones que lo mantengan fuerte y saludable.   Amar tu cuerpo significa que lo aceptas tal cómo es, pero también es saber qué puedes hacer cosas para mejorarlo, para verte y sentirte bien.

 

Agradece 

La comida ya no es mi enemiga, nos reconciliamos. Una práctica que me ayudó a sanar es agradecer por los alimentos antes de comer y bendecirlos.   Y agradecer por las cosas que mi cuerpo me permite hacer todos los días, las cuales son muchas (caminar, viajar, mirar, cantar, correr, saltar, etc.)   Entendí que mi valor no radica solo en mi cuerpo ni en mi físico y que las personas que me aman, simplemente me aman por lo que soy, el conjunto de todo, no me amarán más o menos si es que subo o bajo de peso. Y por amor a ellos también me cuido y procuro estar saludable para que juntos podamos vivir una larga y saludable vida, realizando muchas actividades.   

 

Cambia 

Ahora han pasado 13 años desde que padecí aquel trastorno de conducta alimentaria, ahora como saludable porque me encanta y lo disfruto mucho, como muchos postres porque también me encantan y no me siento culpable por hacerlo, lo disfruto. Pues he aprendido a vivir en equilibrio y encontrar balance.   Casi todos los días me da flojera hacer ejercicio, pero lo hago porque me gusta cómo me hace sentir, me ayuda a tener más energía y tener un mejor estado de ánimo.   Me gusta mi cuerpo, pero también me gusta la idea de sentir y pensar que puedo mejorar algunas cosas, y eso me motiva a actuar y a no tener una vida pasiva.   Ahora tengo un trabajo en el que puedo ayudar a muchas personas a mejorar sus hábitos de alimentación y tener una vida saludable sin que tenga que ser una carga o un sufrimiento.   Soy cuidadosa con mis pensamientos, pues a veces quieren regresar a mi cuando me veo al espejo y pienso que he subido algunos cuantos gramos o kg. Los identifico y lejos de darles entrada y dejar que se aniden en mi mente, los dejo ir, pues sé que esos pensamientos podrían destruirme si se quedan rondando en mi cabeza.   Evito hacer dietas y pesarme seguido, me enfoco en lo que tengo que hacer para mejorar, pero he aprendido a ser más amable conmigo y a tratarme con cariño y con respeto. Ya no soy tan dura conmigo ni me critico tanto.   

 

No hay medidas establecidas, no hay una báscula que cuente la verdad, ni una dieta que te alegre la vida. Si hay una dieta que quiero seguir es la del amor y la reconciliación, conmigo, con mi cuerpo y con el día a día.

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