Amiga, te quiero

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Amiga, te quiero 

Las verdaderas amigas no se cuentan, se sostienen con ambas manos


Cuando tenía 16 años caí en una alberca y me rompí una parte de la rodilla, era un día de hotel con mis amigas y no quería arruinarlo así que no dije nada, pero al salir de la alberca ya no podía caminar bien, entonces mis amigas me cargaron y me ayudaron a salir. Durante la semana siguiente, ellas me llevaron al hospital en donde me sacaron una radiografía y me inmovilizaron la pierna. 
Ellas me consiguieron unas muletas, me ayudaban a subir al salón de clases, me regresaban de la escuela y antes de que me quitaran el vendaje me infiltraron la rodilla con una jeringa que recuerdo tenía una aguja gigante. La única que estaba conmigo dentro de la sala era mi amiga, dándome su mano para que la apretara fuerte si sentía mucho dolor. 

 Es una escena que nunca olvidaré. 

 A veces me he roto la rodilla y a veces el corazón, y en todo tiempo mis amigas han estado ahí. “En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. Proverbios 17:17 RV60 

 Cuando era niña y adolescente, recuerdo que mis amigas eran lo más importante para mí, fueron parte fundamental en mi crecimiento y un gran apoyo porque muchas veces la situación dentro de casa y en mi familia no estaba bien.  La verdad es que creamos momentos y experiencias inolvidables, muchos de los momentos más divertidos de mi vida los pasé a su lado y los recuerdo con mucho cariño. Compartíamos muchos secretos y siempre había algo que nos unía: un deporte, un proyecto de tarea o trabajo, el amor a Dios, una vivencia, un viaje, etc. 

 Las pijamadas entre amigas eran lo mejor ¿sí o no? y nosotras sí éramos de creer en eso de amigas por siempre, teníamos nuestros collares y pulseritas de la amistad y nunca nos separaríamos ni dejaríamos de ser amigas no importa a dónde la vida nos fuera llevando o aunque te fueras a otra escuela. 
 Me sorprende cómo Dios puede unir personas tan diferentes con historias y culturas tan distintas y convertirlas en grandes amigas. Creo que la amistad es un regalo de Dios y como tal requiere de tiempo y dedicación. Las cosas que valen la pena en esta vida requieren esfuerzo y sin duda una buena amiga es algo que vale la pena tener y por lo que vale la pena luchar. 

 Tengo la bendición de conservar algunas amigas de la primaria, de la secundaria y de la preparatoria. También de la universidad, de mi equipo de gimnasia y de la iglesia, aún a pesar de que me he cambiado de ciudad 2 veces, la distancia no ha sido un impedimento y nuestra amistad ha atravesado el tiempo y las fronteras porque también muchas de ellas se han ido a vivir a otros países. 

 No sé si a ti también te pasa pero a veces tengo la sensación de que me era más fácil hacer amigas cuando era niña o adolescente. Las que me conocen desde esa edad te podrán decir que era una niña súper tímida y callada (lo sigo siendo un poco) pero aun así siempre he tenido cerca muchas amigas y mejores amigas. Sin embargo, he notado que conforme vamos creciendo nos vamos volviendo más selectivas, lo cual creo que está bien pues ya somos capaces de elegir nuestras amistades con más sabiduría y está claro que no todos pueden ser nuestros amigos y que hay amistades que definitivamente no nos convienen. Pero por otro lado, a veces también nos volvemos más cerradas o desconfiadas, nos cuesta más trabajo aceptar y perdonar. Probablemente hemos tenido una mala experiencia con una amiga que nos traicionó y conozco muchas historias de esas. 

 La amiga que me quitó el novio, la amiga a la cuál le conté un secreto o algo muy personal y lo contó a alguien más, la amiga que me dejó plantada el día de mi cumpleaños, la amiga que no fue a mi boda, la amiga que no me invitó a la reunión en su casa, la amiga que se alejó y nunca supe por qué, la amiga que me dejó de hablar y me bloqueó en redes sociales, la amiga que me cambió por otra amiga, la amiga que me pidió un favor y se lo hice pero cuando yo necesitaba uno de ella nunca apareció, la amiga que me robó y la que habló mal de mí a mis espaldas. Con esas amigas ¿para qué quiero enemigas?, dirían por ahí. 

 A mí me ha tocado vivir alguna de estas situaciones, pero también con tristeza y poco orgullo puedo decirte que yo también he hecho algunas de estas cosas y he sido “una mala amiga” en muchas ocasiones, honestamente nunca de manera intencional pero por diversas circunstancias sé que también yo he lastimado amigas. ¿Cómo recuperar una amistad cuando se ha perdido? 

 La verdad es que como mujeres somos más emocionales y nos ofendemos con facilidad, incluso por cosas simples, pero si nuestra amistad vale la pena, luchemos por nuestra relación. Hablemos, comuniquemos, escuchemos, pidamos perdón, perdonemos, estemos dispuestas a volver a abrir nuestro corazón y sembrar de nuevo en la relación. Todas nos equivocamos y todas podemos fallar, también aquí aplica lo de las segundas oportunidades. (Hablaremos más de esto en el siguiente tema) 

 Te sorprendería saber de la gran cantidad de mujeres que se sienten solas o con pocas amigas cuando habemos tantas en este mundo sintiéndonos igual y  necesitando lo mismo: una buena amiga. 
 Ahora para tener buenas amigas primero tenemos que empezar por mostrarnos amigas con las demás. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano.” Proverbios 18:24 RV60 

 La verdad este es un punto que en lo personal me cuesta trabajo, tiendo a ser de las que espera  que las personas se acerquen a mí o que me hablen a mí primero porque me da pena iniciar una conversación con una desconocida. Sin embargo, todas las amistades inician así, al principio éramos perfectas desconocidas, pero con el tiempo y la confianza llegamos a ser grandes amigas.  Así que creo que puedo esforzarme más en mostrarme amiga y aún creo que puedo y quiero ser una mejor amiga para muchas. 

 Mi ejemplo de amistad es Jesús. “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos”. NVI Juan 15:13 

 Sé que tal vez pueda ser un estándar muy alto de amistad, pero Jesús siempre será mi modelo a seguir, además Jesús es mi mejor amigo y la persona que tiene el amor más grande porque dió su vida por mí para salvarme, y ese el tipo de amistad que quisiera poder ofrecer y el tipo de amiga que quiero poder ser. Honestamente me falta dar mucho más de mí y sé que tal vez no vaya a morir literal por salvar a una amiga pero sí pudiera morir a muchas cosas mías por ayudar a alguien más, sé que puedo morir a mi tiempo para entregárselo a alguien que lo necesite o a una parte de mi ingreso para poder compartirlo en un café teniendo una buena plática con una amiga, los ejemplos son infinitos y yo he tenido la bendición de tener amigas que lo han hecho por mí. 

 Mis amigas me han llevado al hospital y han cuidado de mí cuando he estado enferma, mis amigas han celebrado junto conmigo mis logros como el día que me gradué, mis amigas me han animado y me han hecho sonreír en momentos en donde creía que ya no podría salir adelante, mis amigas me han acompañado en momentos importantes como en mi boda, me han ofrecido su casa para quedarme cuando he necesitado un lugar donde dormir, comer o bañarme. Mis amigas se han desvelado estudiando conmigo para ayudarme a pasar ese examen que parecía imposible, mis amigas me han mandado un mensaje y me han llamado tan sólo para saber ¿ cómo estoy? 

 Mis amigas han llorado conmigo cuando alguien me rompió el corazón y han orado por mí cuando se me acabaron las fuerzas para hacerlo por mí misma. Mis amigas han respetado mis decisiones de vida a pesar de no estar de acuerdo y sin embargo han seguido siendo mi apoyo, mis amigas han conocido lo más oscuro de mí y me han visto en el hoyo más profundo pero jamás han juzgado sino que me han ayudado a salir de ahí. 

 Amiga ¡GRACIAS! , gracias por haber estado y por seguir en todos los momentos de mi vida, en los días grises, en los países lejanos, en las llamadas a distancia, en las lágrimas por teléfono, en las risas incontrolables hasta que nos doliera el estómago. Gracias por ser mi compañera en esta vida tan imperfecta, tan sorpresiva y tan cambiante, en la que Dios nos hizo  coincidir en tiempo y espacio porque hay algo que tú tienes que yo necesito y hay algo que yo tengo que tú necesitas, así que me encantará compartir contigo y poder ayudarnos mutuamente en medio de este mundo cada vez más contrario, más dividido y más en guerra, seamos nosotras esa mano amiga. 
 Te doy la mía en los momentos de adversidad, me uno a tu oración para llamar la atención de Dios en aquello por lo cual tienes necesidad, te comparto mi número celular para que tengas con quien hablar cuando lo necesites, aún si es de madrugada. Te abro las puertas de mi casa cuando no tengas en donde quedarte o simplemente si quieres un lugar seguro o un refugio de paz, te doy acceso a mi alacena cuando pases por temporadas de escasez e intentaré que a mi lado puedas tener una compañía agradable y pases un buen rato. 
 Crezcamos juntas, hay espacio para todas, seamos amigas y no enemigas. No te envidio, te admiro, no te critico, te apoyo, no te juzgo, te acepto, no te rechazo, te incluyo y quiero que estés bien, que te vaya bien, que seas feliz y cada día más fuerte. Que camines por la vida sonriendo y brillando como sólo tú puedes porque eres única y muy especial.

Amiga, te quiero.

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