Adicta a lo que diga la gente

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Adicta a lo que diga la gente 

"Los ojos de otros, nuestras cárceles; sus pensamientos nuestras jaulas". Virginia Woolf.

 

 

Buscando la aprobación  

 

¿Por qué me importa tanto el “qué dirán” o “qué pensarán”?

 

Esta pregunta me ha tenido atada en muchas ocasiones y en muchas áreas de mi vida. Me ha detenido para hacer muchas cosas que quiero, como emprender sueños en los que creo, pero sobre todo, y la peor parte, es que estos pensamientos me han limitado a ser quien realmente soy.   Me he guardado muchas cosas, he escondido mis dones y talentos, he preferido quedarme callada cuando en realidad tenía algo bueno que aportar, me he limitado a hacer las cosas “promedio” para no sobresalir o llamar mucho la atención, he dejado de dar mi opinión o expresar que estoy en desacuerdo con algo que no me parece, solo para no hacer sentir mal a la otra persona o para no quedar como “la mala”. Me pasa en redes sociales y me pasa en la vida cotidiana, me resulta abrumador  querer controlar lo que los demás vayan a pensar, sentir o decir con respecto a mi forma de ser y mis decisiones de vida. Vivir así me ha encarcelado y vaya que he pasado algunos meses (o años) en prisión.   

 

Lee la siguiente lista, y piensa si te sientes identificada con alguno de estos puntos.  

 

  1. Te sientes triste, preocupada o enojada cuando alguien no está de acuerdo contigo o no recibes la respuesta esperada.
  2. Tiendes a ceder y hacer algo que no quieres por miedo a decir que no.
  3. No expresas tu inconformidad ante un trabajo mal realizado, por miedo a que la otra persona se sienta mal.
  4. Tienes dificultades para reconocer errores por miedo al rechazo o la crítica.
  5. Sientes una preocupación excesiva por la imagen, queriendo ser siempre correcta y perdiendo espontaneidad y naturalidad. Intentas no llamar la atención.
  6. Exceso de amabilidad
  7. Tus emociones fluctúan en exceso según las opiniones recibidas sobre ti.
  8. Te sientes culpable cuando una persona se enoja contigo.
  9. No soportas la idea que alguien te rechace
  10. Tienes comportamientos excéntricos que buscan llamar la atención para obtener reconocimiento y no pasar desapercibida.

No te sientas mal si, al igual que yo, te identificaste con más de uno. Es importante que reconozcamos que tenemos ésta necesidad de aprobación, que de algún modo es natural desde que somos niñas y vamos creciendo, buscamos la aprobación de nuestros padres, o en la adolescencia de nuestros amigos, pero… ¿en qué punto se convierte en algo que controla nuestras vidas y tiene poder sobre nosotras?   

Tal vez te ayude pensar un poco en tu historia, en tu niñez y/o adolescencia y tratar de identificar de dónde surge ésta necesidad tan fuerte. En mi caso, creo que surge de la auto exigencia y el perfeccionismo, pero en tu caso tal vez pueda surgir del rechazo, la inseguridad o el poco reconocimiento por parte de tus padres, maestros o personas importantes a tu alrededor.   

Buscar la aprobación continua de los demás significa no ser tú misma, sino ser lo que crees que los demás esperan de ti y sacrificar tu personalidad auténtica.   ¿Qué podemos hacer para que esto cambie?   

 

Decir que NO, no me hace una mala persona   

En muchas ocasiones he aceptado hacer cosas que no quería por la pena del qué dirán. He ido a lugares que no deseo porque si no voy estaría “fuera del grupo”. Me he puesto ropa y me he dejado de poner ropa pensando en cómo me verán los demás. Y me he angustiado cuando me entero de que alguien me criticó o dijo algo sobre mí.   ¿Cuántas veces hemos basado nuestras decisiones de vida en las opiniones y aprobación de los demás?   

 

Desde las más simples (como éstas que te platico) hasta las más importantes como cumplir el llamado y el propósito que Dios nos asignó.   Tal vez estudiaste una carrera que no te gustaba y no querías solo porque alguien más quería que lo hicieras, o incluso te casaste con alguien que “estaba bien para ti” según las creencias de los demás, o has educado a tus hijos con base en lo que los demás creen que es correcto para ellos.   Y así es como  caemos en una frustración e insatisfacción con nosotras mismas y nuestra vida pues constantemente sentimos que no hacemos lo que queremos y que no somos capaces o libres para tomar decisiones por nosotras mismas, ¿en qué momento le cedimos el control a los demás? Como si ellos vivieran la vida por nosotras.   

 

Está bien decir que NO, a cosas que van en contra de quien eres, de tus valores o de tus principios. Eso no te convierte en una mala persona, no estas siendo grosera ni egoísta, estas siendo fiel a Dios y a ti misma, a lo que Dios ha puesto en ti.   No vivas negando lo que hay en ti, no traiciones tus convicciones, no te desvalorices por querer agradar a alguien o por querer ser alguien que no eres.   Tampoco se trata de ser una rebelde e ir en contra de todo y de todos, si no simplemente es cuestión de afirmarte en tus convicciones, en tu identidad y en tu valor. ¿Sabes? Estoy cansada de vivir así, y probablemente tú también lo estés. No fuimos llamadas a esto, fuimos creadas con un propósito único y divino, con cualidades que Dios escogió específicamente para nosotras, a Él le gusta cómo eres y le gusta cómo soy yo, y eso es lo que debería importarnos.   

 

¿Por qué seguir viviendo para agradar a los demás en lugar de vivir para agradarlo a Él? Mientras más busquemos agradar a los hombres, menos estaremos agradando a Dios, entender ésta verdad me ha ayudado a ser libre.

 

   Aprendiendo a ser libre

 

“Me liberó el que se hiciera realidad mi más grande temor: pisar fondo. Y ese fondo se convirtió en una base sólida sobre la cual reconstruí mi vida". J.K. Rowling

 

  1. Define quien eres

He tenido que encontrar mi identidad en Dios, preguntándole y leyendo acerca de quién soy. Sigo conociéndome y descubriendo cosas de mí, de lo que me gusta y lo que no, de lo que quiero y lo que no. Mientras más claro tengas quien eres más fácil te resultará ser tú misma y vivir conforme al propósito que Dios diseño para ti. Si te soy honesta, sigo luchando con éste tema y aún no me siento libre completamente para mostrarme tal cual soy. Me parece aterrador que las personas me conozcan de verdad, ¿qué tal que no les caigo bien?, ¿qué tal que no me quieren?, ¿qué tal que no soy quienes ellos pensaban o como me imaginaban?, ¿y si decepciono a alguien?, ¿y si a alguien no le gusta? Son solo algunos de los pensamientos que pasan por mi cabeza de vez en cuando, por un momento entro en batalla con ellos, a veces gano y a veces me ganan. Pero sigo en este camino hacia la libertad de ser yo, en cualquier lugar y con cualquier persona.

 

  1. Sé responsable de tus decisiones

Pide sabiduría a Dios para que te guíe a tomar buenas decisiones. A veces las personas estarán de acuerdo, a veces no y eso está bien. Podrás tener decisiones acertadas y también podrás haberte equivocado o seguirte equivocando en muchas otras, pero siempre será más fácil asumir las consecuencias (buenas o malas) de tus propias decisiones, en lugar de culpabilizar y responsabilizar a los demás por influir en tus decisiones. Puedes pedir consejo, escuchar opiniones y diferentes puntos de vista, pero al final la decisión está en ti y en nadie más. Ni siquiera Dios decidirá por ti, pero eso sí, ten por seguro que Dios siempre estará contigo, y si te equivocas Él será experto en darle la vuelta a las cosas para que obren a tu favor, siempre y cuando permanezcas en Él.

 

  1. Acepta las diferencias

Es evidente que Dios nos creó distintos a todos, a mí me encanta esa diversidad, pero entiendo que no todos estarán de acuerdo conmigo, que no a todos les va a agradar lo que hago y que no puedo caerle bien a todo el mundo. Aprende a aceptar las críticas con humildad y tomar lo que te sea útil para crecer, escuchar diferentes opiniones y aprender de ellas y de las personas. Quédate con lo que te sea bueno y lo que no, deséchalo, no lo retengas. Con frecuencia tomamos las críticas como un menosprecio hacia nuestra persona, cuando en realidad puede ser solo un rechazo hacia un gusto, y recuerda que a alguien no le guste algo de ti no significa que te rechace como persona. Por último, quiero compartirte un versículo que intento tener presente cada vez que quiero decir o hacer algo, o cada vez que me encuentro en esta batalla me ayuda a tener más libertad. 

 

  Yo no ando buscando que la gente apruebe lo que digo. Ni ando buscando quedar bien con nadie. Si así lo hiciera, ya no sería yo un servidor de Cristo. ¡Para mí, lo importante es que Dios me apruebe!” Gálatas 1:10 

 

Recuerda que lo que piensen los demás de ti no cambia quien eres o lo que vales. Dios te quiere usar a ti, no a la imagen creada de ti con base en las expectativas de los demás, porque lo que Dios puso en ti es único y exclusivo. No quieras ser como nadie más. Sé lo que Dios quiere que seas. Si quieres agradar a Dios sé tú misma, si quieres agradar a los demás, sé cómo los demás.

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61 comentarios en «Adicta a lo que diga la gente»

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